Diego Barros: «Hubo distintos momentos de la historia en los que Argentina y el libro caminaron de la mano».

Diego Barros, docente y editor argentino, conversó con nosotros respecto a la importancia del libro en el proceso histórico de Argentina, así como del curso Historia del Libro en Argentina, que dictará desde el próximo martes 28 de abril. 


Por Marco Fernández

Hablemos un poco acerca de lo que significa el libro para la cultura argentina. ¿Qué sugiere dentro del sistema cultural argentino?

El libro acompañó a la sociedad desde los orígenes previos de la Argentina, sobre todo teniendo en cuenta que la conquista española no fue una colonización en la que el libro ocupó su centralidad. Lo interesante de esto es el lugar de los jesuitas antes de su expulsión. De hecho, antes de que el país sea lo que es hoy, el libro ocupó un lugar decisivo. Cuando uno observa otros períodos del desarrollo histórico de la edición en la Argentina, encuentra que el país tenía un lugar relevante. Antes de la aparición de México, Argentina fue un faro editorial en Latinoamérica durante bastante tiempo. En ese sentido, para España, Argentina y América Latina, la guerra civil española es clave, porque Argentina recibe dentro de sus exiliados republicanos a los que después se convertirían en los editores emblemáticos de la época de oro de la edición argentina. Hubo distintos momentos de la historia en los que Argentina y el libro caminaron de la mano.

¿De alguna manera, el capital simbólico del libro forjó la identidad argentina?

Siempre recuerdo una frase del discurso que Tomás Eloy Martínez proclamó en una feria del libro: «No fue la espada sino el libro el que forjó la identidad argentina». Es una frase valiente, respecto a que la historia general de América Latina, y en particular de la Argentina, estuvo asignada por las batallas. Sin embargo, hubo una cuestión en la que el libro ha sido bastante importante. Además del ejemplo de los jesuitas, Córdoba fue un sitio emblemático en la historia de la edición Argentina, debido a que precisamente el vínculo con los jesuitas fue muy fuerte. Posteriormente, el proceso revolucionario de 1810 fue un período en el que las ideas y los libros de contenido innovador, traídos solapadamente a través del comercio de contrabando, fueron claves.

Entonces, diríamos que la política y todo el sistema, desde los orígenes, propulsaron el fomento del libro.

Pensemos que una de las decisiones más importantes e inmediatas que se tomó después de que la junta asume el poder en 1810, dos de ellas tienen que ver con el mundo de la edición. Una es la creación de emprendimientos periodísticos —la revolución tenía claro difundir el proceso mediante la prensa— y otra es la decisión de Mariano Moreno de crear lo que después sería la biblioteca nacional. Una biblioteca emblemática además porque fue ocupada por dos figuras importantes de la historia nacional: Paul Groussac y Jorge Luis Borges.

En ese sentido, podríamos hablar también acerca de las políticas culturales que se han fomentado en Argentina a lo largo del tiempo. ¿Ha ido de menos a más, o es que de repente se están reduciendo los beneficios y normas que impulsaron al libro?

Yo creo que vamos de más a menos. Arranqué esta entrevista de un modo optimista porque hablaba del pasado, pero me reservé algo de realismo para los últimos tiempos. Los años 70 marcaron un punto de inflexión muy importante en la historia política y económica argentina, y convengamos que fenómenos como la crisis económica y los golpes de Estado fueron políticos que atentaron contra la pérdida de ese lugar privilegiado que la edición había tenido. Es muy difícil editar en tiempos hiperinflacionarios, o en tiempos de recisión o en períodos de censura. Entonces, la combinatorio de crisis económicas y políticas dictatoriales le jugaron en contra al sector editorial. Es por eso que la Argentina nunca se pudo recuperar de ello, hasta que México le quitó su lugar.

Ahora, hablando de los tiempos actuales, la transición gubernamental en Argentina también afectó al sector libro. Es decir, antes había muchas políticas que favorecían a la edición, pero ahora hay una recisión seria que muchas iniciativas editoriales se han visto truncadas.

Ahí me sale más el sociólogo que el editor. Si bien el Estado, durante la edad oro, tuvo un lugar importante —pienso la editorial universitaria Eudeba, que se creó al calor del Estado—, lo cierto es que Argentina perdió la conformación de un mercado lector, y por lo tanto un mercado del libro. Estas iniciativas privadas fueron las grandes protagonistas de la época de oro de la edición. Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, el Estado asumió un rol predominante, pero también distorsionador del flujo del mercado. Si bien hubo políticas firmes y sostenidas de apoyo, la distorsión del mercado editorial está asociado con la distorsión del lugar del Estado. Esto quiere decir que el Estado no puede renunciar al fomento de políticas públicas culturales, pero el mercado no puede quedar supeditado casi de modo excluyente a las políticas estatales. Entre el 2010 y 2015, los editores hablábamos de mercado público y privado. Es decir, evidentemente los editores generaron una dependencia única y unilineal de sus políticas editoriales bajo el paraguas del Estado y eso tampoco está bien. Una cosa es asumir y defender la inalienable condición del Estado como promotor y gestor cultural, y otra cosa es generar la dependencia del mercado privado de las decisiones del mercado público. Creo que la mejor forma de ver qué pasó con la edición argentina durante los últimos treinta años es saber qué pasó con el Estado.

Me gustaría profundizar en algo que de cierta forma viene aunado al tema del libro. Lo has mencionado muchas veces: la época dorada de la edición en Argentina. ¿Podríamos ampliar este concepto?

Está muy bien el momento de tu pregunta, porque tiene que ver con la consolidación de un público lector. Confluyeron varias variables, siendo una de ellas la estabilidad económica, la cual se pierde en el año 75 a mi parecer. Es algo paradójico, porque es en ese año cuando se da la primera edición de la feria del libro actual. Por otra parte, en los años 40 y buen parte de los 50 fueron años en los que el franquismo generó una cerrazón intelectual y comercial muy fuerte en España. Eso le permitió a la Argentina, que ya venía consolidando su mercado lector, convertirse en el faro de la edición en lengua española. Es más, también se convirtió en faro de la traducción de autores como Sartre, Camus y de la misma Simone de Beauvoir. Esto estuvo a cargo de editoriales como Sudamericana y Losada. Yo diría que eso se termina a fines de los años 60 y a mediados de 1975, cuando se combinó autoritarismo con crisis económica. Si bien en 1983 Argentina retorna a la democracia, el país ya era otro y nunca pudo volver a ser aquello que fue en temas editoriales, por lo que se genera el auge de México como faro de la edición.

Aun cuando se acaba la época dorada, el público argentino sigue siendo bastante lector. En tu experiencia, ¿cuál es el perfil del lector argentino? Dicho sea de paso, un público bastante exigente, en verdad.

El tiempo dorado de la edición es la época de la clase media alfabetizada. Ahí no se debe subestimar el papel de la escuela en Argentina, cuando mejora la tasa de escolaridad, después de consolidarse el proceso migratorio. El imaginario de la clase media ocupaba la escuela, la lectura y la cultura en general. Cuando hablo de la década del 50 y del 60, me refiero a una universidad pública de excelencia incomparable, de una multiplicación de las librerías exponencial y una escuela pública de calidad. Ahora, se perdió la clase media y por ende la educación que siempre hubo.

Estando próximos al inicio de la Feria del Libro de Buenos Aires, ¿qué expectativas se tienen de cara a esta nueva edición?

Es la edición número 50. Hace un momento dije que era algo paradójico que en 1975 se realizara la primera edición, la cual ha venido realizándose ininterrumpidamente, salvo en la época de la pandemia. Por eso celebramos 50 ediciones y no 50 años. Ahora, la feria del libro es la actividad cultural con mayor importancia y continuidad en Argentina, lo cual le da una fuerza muy importante desde hace décadas. Por supuesto que la feria de Guadalajara sigue siendo un evento acorde al lugar que México ocupa, por lo que es quizás un poco mayor a la de Buenos Aires. Hoy en día, creo que sería bueno hacerse algunas preguntas sobre el formato de la feria del libro en Argentina. Por su naturaleza, es un evento de acceso al público, lo cual la convierte en un evento cultural de significación, donde no necesariamente hay una significación con el público lector. Entonces, uno debería preguntarse cuantas de las personas que pasan por la feria van luego a las librerías. Por otro lado, la feria sigue siendo lo mismo desde hace mucho tiempo y están pasando cosas en los lectores, como el hecho de vincularse con el objeto libro. Creo que deberían estar atentos a ello.

Pasemos ahora a hablar del curso La Historia del Libro en Argentina. Sabemos que es presencial en tierras argentinas, pero igual es bueno conocer estas iniciativas.

Esta entrevista es de alguna manera una síntesis del recorrido por la historia de la edición, que dialoga con la historia política, social y económica del país. La idea es que la edición es un proceso que tiene sus propias reglas, pero es interesante observar el desarrollo histórico y el lugar que el libro ocupó. Por eso la primera clase arranca con la época colonial y pensar en esa Buenos Aires, en esa Córdoba que fueron tan importantes en la historia del libro hasta nuestros días. En la segunda clase nos ocuparemos de la figura de Paul Groussac, en la tercera sesión hablaremos de la época dorada de la edición y estudiaremos el caso de Victoria Ocampo, gran emprendedora cultural que tenía claro que la edición argentina no podría seguir adelante sin visión de mundo. Finalmente, en la última clase tocaremos el tema de la revolución tecnológica, que plantea el libro desde una óptica diferente a lo tradicional. El curso empieza el martes 28 de abril y será en la Casa Fundación Medifé de 16:30 a 18:30 horas de Argentina.





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