«Este amargo amor» o un paso más en la propuesta estética de Fernando Carrasco

 


Escribe: Cesar Augusto López

El amor es el culmen de la vida o lo era antes, tal vez; nos permitimos la duda. En todo caso, es uno de los pocos puntos altos de la existencia, ya que, de una u otra forma, nos conduce a la madurez, a la intuición de lo total, de un panorama, de un horizonte amplio al que pertenecemos, pero que también nos es esquivo. Octavio Paz se animó, en sus últimos, años a cerrar un ensayo (La llama doble) sobre este tema, porque, si bien rondó buen tiempo en sus planes, entendía que precisaba de densidad vital para explicar el impacto de este fenómeno interior que salta en la búsqueda del otro, del amado, tal como Ortega y Gasset consideró en su famoso y recomendable ensayo «Facciones del amor».

Hablar, escribir, pensar o delinear el amor siempre será uno de esos intentos que, en la mayoría de casos, puede terminar en frustración, en amargura, tal como Chacalón reconoce en el dolor punzante por la falta del querer apasionado del amado. Fernando Carrasco, en este su quinto libro, cumple con aquella madurez estética y vital, que anotábamos, para emprender la tarea de contarnos sobre los rostros del amor y no solo eso, sino que reconoce la línea musical que acompaña a los amantes, a todos lo amantes. Así, no se puede leer a Carrasco en toda su extensión si no se comprende que el cancionero cumple una función primordial de la vida, porque, como en el cine, la banda sonora es fundamental en su invisibilidad, pues transmite la vibración que se necesita dar el golpe final y sutil al espectador para que caiga convencido en el drama.

Este amargo amor es, consideramos, una propuesta doble, un momento que se puede entender como una altura en la producción de Carrasco, ya que el título aún mantiene relación con su libro anterior; sin embargo, el tema rompería con la propia tradición del autor, quizá para explorar otras formas o asuntos narrativos. Si bien el cuento que le da nombre al conjunto parece un rezago narrativo, antes bien puede ser entendido como una promesa, ya que debe cabernos la pregunta sana: después del amor, ¿qué? Esta es una doble especulación a partir del seguimiento a la producción del autor de Bolero Matancero.


Bolero matancero, una de las colecciones de cuentos más celebradas de Carrasco

Solo ahora podemos discurrir un poco sobre los diez cuentos que componen el conjunto carrasquiano. Y como para hacer honor al apellido del autor, debemos mencionar que su significado en portugués es «verdugo». ¿Por qué tal giro en esta reseña? Porque el amor que se nos presenta en los cuentos es un ejecutor implacable, impío incluso; el amor rebaza a sus personajes y les entrega el dolor de la pasión. Y todos sufren por amor, porque a cualquier edad puede sorprender y apresar el deseo e, incluso, condenar. Esto sucede en el cuento «Primer amor», por ejemplo, pues el apasionamiento, unido a la muerte, atraviesa la vida de quien nos narra su historia. «El primer beso» también plantea la herida de la entrega y, claro, la imposibilidad de un amor felizmente correspondido. No ahondaremos en «Este amargo amor», porque el mismo título, la misma canción, nos conduce hacía la experiencia de la condena.

En un segundo aspecto, quizá nadie pueda escapar al implacable guillotinazo de la embriaguez y la locura amorosa. Nadie puede decir lo contrario, incluso uno de los poemas más antiguos de nuestra tradición el Cantar de los cantares comienza comparando los besos del amado con el vino y anotando, aún, que aquellos son mejores. Esta idea, por supuesto, no se le escapa al escritor Cronwell Jara, quien prologa el volumen. Tres cuentos pertenecerían a este eje, nada despreciable, por supuesto. «Bajo el invierno de Lima», por ejemplo, y los vaivenes de los amores intensos que aparecen unas cuantas veces en la vida y que deben superarse o «Nuestra casita en el campo» y la experiencia extrema, de la cual el amor se puede convertir en asidero a algún resquicio de sentido o «Borrachos de amor» y el alcohol como ese enlace que puede complementar la experiencia amatoria, son piezas que exigirán en el lector una buena dosis de empatía y ternura; sobre todo los dos últimos. Igualmente, no queremos dejar otra historia como la de «Tú momento ha llegado», pero escapa un poco a la dinámica mencionada o, en todo caso, manifiesta un ceder del personaje, una situación tal vez similar al primer cuento citado en este párrafo, pero el lector juzgará, siempre mejor.

Entre las tres piezas finales, queremos indicar que el amor también campea, incluso en la vida nocturna de las meretrices o acompañantes de bares como en «Tú me pides que te olvide», y siguiendo el verso de la canción de Leo Dan, surge el «pero tengo un corazón». En segunda, instancia, no podemos dejar escapar el cuento que más nos gustó, uno que se caracteriza por ser paranormal y que tiene su sincera cuota de la insistencia del amor. Nos referimos a «Dos gardenias para ti», que se aúna a ese inmortal bolero compuesto por Isolina Carrillo y que hasta en tango tiene una versión última. El tercer cuento, uno de los más logrados de la producción total de Carrasco es «¡Dulzorada!», un texto que nos narra uno de los últimos trajines amorosos de César Vallejo y que cumple con la madurez y conocimiento que mencionábamos al comienzo de esta reseña.

Para finalizar, queremos insistir en el punto de inflexión artística que representa Este amargo amor de Fernando Carrasco. Puede ser que nos equivoquemos, que los rumbos del narrador vuelvan sobre sus pasos e incluso lleven más allá su clásica dinámica, pero creemos que es importante dejar constancia de nuestra lectura, una que queremos compartir no solo para quienes vayan a leer este libro, sino para animarlos a leer toda la producción de Carrasco, que ya puede considerarse como un referente narrativo del medio limeño, del que se pueden extraer varias vetas de lectura sobre la cuestión literaria peruana con sus aciertos, sus tensiones y sus límites.   

Comentarios

También lee...