LENIN HEREDIA NOS MINTIÓ: EL AUTOR DE «NADA NOS UNE» SÍ CREE EN LOS VÍNCULOS HUMANOS
Escribe Nando Vaccaro T.
«Becky ha muerto». Así empieza la novela más reciente de
Lenin Heredia. Una apuesta sorprendente, pues asume el reto de un pacto con el
lector: te adelanto desde las primeras líneas lo que va a suceder, pero a
cambio me darás la oportunidad de quedarte conmigo página tras página para
saber cómo sucedió y por qué. Y yo considero que, en efecto, la apuesta de
Lenin ha sido exitosa: es una novela que te mantiene en vilo de principio a
fin, con un realismo crudo y descarnado que logra conectar con las fibras más
íntimas de cada lector.
En la contraportada del libro
se nos adelanta que Nada nos une (Buen Puerto, 2025) «es una novela acerca de las pérdidas
imposibles, los cuerpos vigilados y las heridas que el tiempo no llega a cerrar». Sin embargo, la
ambición novelística del autor ha logrado sacar una radiografía de cuerpo
completo a nuestra sociedad actual, maniatada no sólo por la violencia sino
también por la irrupción de la tecnología, por ese sometimiento a las pantallas
que nos hace perder vitalidad y empatía; y, en el caso de la protagonista,
hasta la propia vida.
Nada nos une nos
interpela desde el título: vivimos actualmente hiperconectados a través de las
redes sociales en nuestros dispositivos tecnológicos, aunque muchas veces no
sabemos qué está pasando con nuestra propia familia; ni siquiera miramos a los
ojos cuando conversamos personalmente porque nuestras cabezas siempre están
ancladas a la pantalla.
Como bien ha escrito Horacio Hidalgo para Círculo de lectores, Nada nos
une está narrada desde la perspectiva de tres personajes; y desde estos
puntos de vista el narrador omnisciente nos refiere la historia de la
adolescente, «a quien el lector solo podrá conocer en la medida en que su
recorrido vital, y por lo tanto su muerte, afecte la vida de los que la
conocieron».
En cuanto a su tono y que preparan el clima tenso y trepidante
que recorre casi toda la novela. El autor emplea una prosa sobria, precisa y
fragmentaria, lo que ya se ha consolidado en una impronta de Lenin, quien ha
sabido orquestar una banda sonora narrativa que combina elementos de percusión con
acercamientos emotivos al corazón de cada personaje; y como contrabajo, una voz
de alejamiento para relatar, con el mayor grado de objetividad, la fatalidad
que los desvela.
Coincido con John Valle, quien, en el blog El
hablador, a propósito de Nada nos une, señaló: «el recurso
dialógico es una herramienta muy bien aprovechada que contribuye a la
presentación de los personajes a través de sus actos cotidianos». Yo también juzgo
que uno de los grandes logros de Lenin, y que seguramente le habrá causado
varias noches de insomnio, ha sido la creación de sus personajes, cuidosamente
delineados y caracterizados con una verosimilitud impresionante.
Y a propósito de los personajes, una confidencia grata y evidente para los lectores de Lenin Heredia es que esta novela dialoga con su antecesora Morir en mi ley. En ambas hay una búsqueda por diseccionar la violencia. Los personajes quedan atrapados, subyugados a sus propias decisiones, como si estuvieran atados a la misma piedra de la insensatez. A mi modo de ver, las aproximaciones temáticas entre estas obras no son redundantes ni excluyentes la una de la otra; por el contrario, las dos novelas confluyen hacia la reflexión sobre el dolor y la memoria.
En definitiva, con Nada nos une, Lenin Heredia
nos demuestra el caudal inagotable de su talento creativo, que ahora lo ubica
como uno de los referentes de la narrativa peruana; y que el género novelístico,
como bien ha referido Juan José Millás, sigue siendo una «forma de resistencia»,
una representación del arte que reivindica la memoria y la imaginación.
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Nando Vaccaro estudió Ciencias de la Comunicación y tiene una maestría en Docencia e Investigación. Administra el portal La Palabra Brota.



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