Psicología de los inmortales: la complejidad de los personajes literarios

Para comprender las motivaciones, obsesiones y complejidades de un personaje, es necesario adentrarnos en su psique. Rolando Salazar, psicólogo y docente de la escuela de escritura creativa Capítulo Uno, amplía en la siguiente entrevista los detalles que encontraremos en el curso Psicología de los Inmortales, el cual dictará desde el miércoles 16 de septiembre. 

¿Qué ocurre cuando dejamos de mirar a los grandes personajes de la literatura como héroes, villanos o víctimas y empezamos a preguntarnos qué mecanismos psicológicos explican realmente sus decisiones? 

Sucede algo fascinante: el personaje deja de ser precisamente un personaje y se convierte en una persona. Ya no nos preguntamos solamente si hizo bien o mal, sino qué necesidad intentaba satisfacer, qué miedo trataba de evitar, qué herida protegía o qué deseo era incapaz de controlar. La psicología nos permite pasar de juzgar al personaje a intentar comprenderlo. Y ahí aparecen contradicciones mucho más interesantes: personas que desean aquello que las destruye, que buscan amor pero terminan alejando a quienes aman, que construyen una identidad para esconder aquello que más temen de sí mismas. 

Personajes como los que analizaremos en Psicología de los Inmortales han sido interpretados durante siglos en el cine, la televisión y el teatro. ¿Qué aspectos suelen pasar inadvertidos cuando los leemos únicamente desde una perspectiva literaria? 

La literatura nos cuenta lo que hacen. La psicología nos invita a preguntarnos qué ocurre dentro de ellos mientras lo hacen. En Psicología de los Inmortales no vamos a competir con las interpretaciones literarias ni a reemplazarlas: vamos a mirarlas desde otro ángulo. Porque detrás de un monstruo puede existir una necesidad, detrás de una obsesión puede existir un miedo, detrás de una conducta narcisista puede existir una identidad frágil, y detrás de una decisión aparentemente irracional puede existir una lógica psicológica perfectamente comprensible. ¿Qué ocurre cuando dejamos de mirar solamente lo que el personaje hace y empezamos a mirar por qué necesita hacerlo? Por eso, en el curso  no vamos a preguntarnos solamente «¿por qué hizo esto?», sino algo mucho más inquietante: «¿Qué tuvo que haber ocurrido dentro de su mente para que esa decisión tuviera sentido para él?». Cuando encontremos la respuesta, probablemente descubramos que algunos de esos mecanismos psicológicos no son tan ajenos a nosotros.

¿Hasta qué punto podemos comprender las acciones de un personaje sin justificarlo? ¿Puede la psicología ayudarnos a mirar de otra manera a personajes monstruosos, perversos, obsesivos o moralmente cuestionables? 

Comprender no significa justificar. La psicología no pretende decirnos que una conducta dañina está bien, porque podemos explicar su origen, sino que nos ayuda a entender cómo se construyó esa conducta y qué mecanismos psicológicos pueden estar detrás de ella. Podemos comprender a Frankenstein sin aprobar sus decisiones. Podemos analizar la obsesión de Dorian Gray sin justificarla. Podemos explorar las contradicciones de Madame Bovary sin convertirlas automáticamente en virtud o defecto moral. Si solo clasificamos a los personajes como «buenos» o «malos», nos perdemos lo más interesante. La psicología introduce una zona mucho más incómoda, que son los matices. ¿Una persona puede hacer daño y al mismo tiempo estar profundamente herida? ¿Podemos explicar una conducta sin absolverla? ¿Hasta dónde somos responsables de aquello que nos ocurrió? ¿En qué momento una necesidad legítima se transforma en una conducta destructiva? Esas preguntas no tienen respuestas fáciles, por eso vale la pena hacerlas.

Después de entrar en la mente de cuatro personajes inmortales ¿el participante podría terminar reconociendo en ellos algo mucho más inquietante, como el hecho de que sus miedos, deseos, contradicciones y obsesiones también forman parte de la condición humana? 

Ese es, probablemente, el verdadero riesgo del curso. Al principio creemos que vamos a estudiar a cuatro personajes, pero quizá terminemos estudiando cuatro posibilidades de nosotros mismos. No porque seamos iguales a ellos, sino porque algunas de las fuerzas psicológicas que los mueven también existen en la experiencia humana: la necesidad de ser reconocidos, el miedo al rechazo, el deseo de pertenecer, la búsqueda de amor, la necesidad de controlar, la insatisfacción, los celos, la obsesión, la vanidad, la culpa, el miedo a envejecer o la dificultad para aceptar quiénes somos. La literatura clásica sobrevive porque, aunque cambien las épocas, las personas seguimos teniendo conflictos sorprendentemente parecidos. Quizá después de conocer mejor a estos cuatro inmortales, el participante no vuelva a preguntarse solamente qué le pasa a este personaje, sino que tal vez empiece a preguntarse qué parte de mí reconoce algo de esto. En ese momento, la literatura se convierte en un espejo.

¿El participante podrá incorporar lo aprendido en su proceso de escritura? ¿De qué forma? 

Sí y esta es una de las aplicaciones más interesantes del curso para quienes escriben o desean hacerlo. Conocer psicológicamente a un personaje permite dejar de construir personajes solamente a partir de características externas —cómo hablan, cómo se visten, qué hacen o qué les ocurre— y empezar a moldearlos desde el interior. El participante podrá preguntarse qué desea realmente mi personaje, qué necesita (aunque no sea consciente de ello), qué teme perder, qué intenta evitar, qué contradicción existe entre lo que dice querer y lo que realmente busca, qué experiencias han influido en su manera de relacionarse, cómo reacciona cuando se siente amenazado, qué mecanismos utiliza para protegerse y qué está dispuesto a sacrificar para conseguir aquello que desea. Esto permite construir personajes más complejos, coherentes, contradictorios y humanos. Un buen personaje no necesariamente hace cosas sorprendentes, sino que es aquel cuyo comportamiento, incluso cuando nos sorprende, tiene una lógica interna. Esa es una de las herramientas más poderosas que puede aprender un escritor. 

Cuatro personajes, cuatro mundos psicológicos, una pregunta que los conecta: ¿cuánto de nosotros existe en ellos? Psicología de los Inmortales propone una mirada diferente a personajes que la literatura convirtió en eternos, para intentar comprender qué deseos, miedos, conflictos y contradicciones los hicieron actuar como tal. Para quienes escriben, es una invitación adicional para prender a mirar a los personajes desde el interior

Más información aquí: wa.me/+51968788289


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