Un encuentro milenario: cuando Borges conversó con Juan Rulfo
El escritor argentino Jorge Luis Borges visitó México en 1973, 1978 y 1981. Fue durante su primer viaje que sostuvo un encuentro con el escritor Juan Rulfo, por quien sentía un gran aprecio. A cuarenta años del fallecimiento del autor de Pedro Páramo, recordemos el diálogo que se gestó entre ambos portentos de la literatura universal.
Se dice que Borges deseaba visitar México por tres razones. Una
de ellas era visitar Teotihuacan, luego la capilla Alfonsina (donde había
vivido Alfonso Reyes, su entrañable amigo) y encontrarse con Juan Rulfo.
Precisamente, en 1973 fue invitado a México para recibir el Premio
Internacional Alfonso Reyes. Si bien deseaba conocer a los representantes de las
letras mexicanas, como Salvador Elizondo y Juan García Ponce, lo que más deseaba
era conversar con su amigo Rulfo, como lo llamaba cariñosamente.
Dicha conversación fue reproducida por la revista Fractal.
Aquí compartimos con ustedes este encuentro.
Rulfo: Maestro, soy yo, Rulfo. Qué bueno que ya llegó. Usted
sabe cómo lo estimamos y lo admiramos.
Borges: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver un país, pero lo
puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera
dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos «maestro»,
dígame Jorge Luis.
Rulfo: ¡Qué amable! Usted dígame, entonces, Juan.
Borges: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge
Luis, con sus cuatro letras tan breves y definitivas. La brevedad ha sido
siempre una de mis predilecciones.
Rulfo: No, eso sí que no. Juan cualquiera, pero Jorge Luis,
sólo Borges.
Borges: Usted tan atento como siempre. Dígame, ¿cómo ha
estado últimamente?
Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.
Borges: Entonces no le ha ido tan mal.
Rulfo: ¿Cómo así?
Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichado que seríamos si
fuéramos inmortales.
Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo
como si estuviera uno vivo.
Borges: Le voy a confiar un secreto. Mi abuelo, el general,
decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto.
Sospecho que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que
usted escribió sobre los de Comala.
Rulfo: Así ya me puedo morir en serio.


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