Diez años sin Eduardo Chirinos

El próximo 17 de febrero se cumplen diez años de la partida de una de las voces más importantes de la escena literaria nacional. La vida de Eduardo Chirinos transitó entre la poesía, la amistad y la pasión por las letras, lo cual se transformó en un legado que trasciende hasta nuestros días.

Foto: Jannine Montauban

Eduardo nació en Lima en 1960 y es considerado como un poeta prolífico de la dorada generación del 80. Compartió páginas y travesías literarias con poetas de la talla de José Antonio Mazzotti y Rosella Di Paolo. Legendario fue el terceto que completaron Mazzotti y Raúl Mendizábal, al cual bautizaron cariñosamente como los «tres tristes tigres».


Los Tres Tristes Tigres. De izquierda a derecha: Raúl Mendizábal, José Antonio Mazzotti y Eduardo Chirinos

En 1985, un joven Chirinos se graduó de bachiller con mención en Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, con lo cual se consolidó como uno de los académicos de mayor renombre en el país. Esto compartido también con su labor literaria.

Es preciso mencionar que empezó a publicar desde muy joven, en revistas estudiantiles como Trompa de Eustaquio y Calandria. Sus obras fueron acogidas por distintas editoriales como Visor, Lumen, Peisa, Pre-Textos, entre otras. Así, entre sus primeros trabajos figuran Cuadernos de Horacio Morell (1981), Crónicas de un ocioso (1983), Archivos de huellas digitales (1985), con el cual obtuvo el Premio Copé. También están Obra completa. Cuaderno azul, Cuando suena la música, y muchos más. 

Su estilo pasó por distintas fases. Por ejemplo, sus versos iniciales poseían ciertos coloquialismos y la ironía proveniente de generaciones anteriores a la suya. Sin embargo, y como todo joven impetuoso, agregó un punto muy importante: los heterónimos. En esto podemos notar la presencia del escritor portugués Fernando Pessoa, quién mantenía dichas figuras en sus poemarios y colecciones, mediante los cuales se comunicaba con sus lectores. El primer heterónimo de Chirinos fue precisamente Horacio Morell.

Entre 1983 y 1987, la vida de Chirinos discurrió en España, tras hacerse acreedor de una beca de investigación del Instituto de Cooperación Iberoamericana. También es conocida su faceta como crítico literario, entre los que resaltan textos como Rosa Polipétala. Artefactos modernos en la poesía española de vanguardia (1918-1931) y Nueva miscelánea antártica. Escritos sobre poesía.

En 1988 regresó a Lima, con lo cual empezó una serie de actividades intelectuales y culturales, tras desempeñarse como periodista cultural y profesor de Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ese fue el despegue de su labor pedagógica, llegando a dar clases en universidades como Binghamton, Pensilvania y Montana.

Asimismo, sus trabajos recibieron distintos reconocimientos. Por ejemplo, el poemario Breve historia de la música fue galardonada con el Premio Casa de América en 2001 y Mientras el lobo está con el Premio Poesía Generación del 27.

De izquierda a derecha: Eduardo Chirinos, Mazzotti, Margarita Saona, Jorge Frisancho y Gregorio Martínez

El 17 de febrero de 2016, Eduardo Chirinos falleció producto de un cáncer. Su legado se constituye de la labor académica e investigativa que realizó a lo largo de su trayectoria, así como el surgimiento de un estilo lírico que buscaba explorar nuevas formas y estructuras, lo cual lo confirmó como una voz irruptora en un escenario de cambio constante.

Su poesía fue consignada en diversas antologías, como Raritan blues. Antología personal 1978-1996 y Catálogo de las naves. Antología personal (1978-2012).

El próximo 17 de febrero, en homenaje a los diez años de su fallecimiento, el Centro de Desarrollo Editorial presentará el poemario Harmonices Mundi, el último poemario del autor, en la sede del Fondo de Cultura Económica de Miraflores, a las siete de la noche. En los comentarios estarán Carlos Chirinos, hermano de Eduardo, Ana María Gazzolo, poeta e investigadora, y Andrea Cabel, poeta.

 

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