Lenin Heredia: «Estos cuentos están predestinados para los lectores de forma muy personal»

El novelista piurano, autor de Nada nos une, participó de la presentación del libro de cuentos Donde viven los payasos del escritor Horacio Hidalgo. Aquí te dejamos la transcripción de su intervención.


Por Lenin Heredia

Cuando recibí la invitación de Horacio Hidalgo para participar de la presentación de Donde viven los payasos, lo hice con mucho gusto. Y no solo porque ya hemos compartido mesa anteriormente, no solo porque leí su novela Parusía, la cual me gustó mucho —ciertamente tuve la oportunidad de comentárselo— sino porque personalmente creo que cuando uno descubre que un autor escribe bien o que tiene ciertos pasajes que son conmovedores o atractivos, no solo se acepta por compromiso, sino porque se sabe que se está haciendo bien y es lo que corresponde. Por tanto, les hablo como lector del libro, para presentarles algunas ideas, a propósito de la lectura que he realizado.

En principio es un libro que tiene trece cuentos y dividido en tres partes. El cuento que cierra este libro, que se llama justamente «Donde viven los payasos» y es el más largo del volumen, encierra todo lo que se ha escrito en los cuentos anteriores.  A mí me gusta mucho esta idea que ha pensado Horacio al momento de organizarlos en el libro, porque es como si hubiese intercalado cuentos largos con otros más cortos. Al ver esa estructura tuve la sensación de que el autor era muy generoso, porque nos permitía tener impresiones muy fuertes con los relatos de largo aliento y luego una especie de pausa con los de menor extensión. Como lector, resulta muy atractivo ese ritmo y cadencia al presentar los cuentos. 

Ahora bien, cuando uno se enfrenta a un libro de cuentos, siempre espera que sea atractivo. Por ello, pienso que los más atrayente de este libro es la variedad de puntos de vista que utiliza el escritor. Me refiero a que hay algunos cuentos que están narrados como si la persona que los cuenta fuera un varón muy mayor, y hay historias que están narradas en la voz de un adolescente, mientras que otros están narrados desde el punto de vista de una mascota o de un niño, por ejemplo. Eso es algo muy difícil de conseguir.  Esto me lleva a pensar dos cosas: en primer lugar, por supuesto, que se debe tener mucho oficio literario para lograrlo, es decir, escribir mucho para llegar a un punto en el cual un escritor puede asumir todo punto de vista, y por otro lado me parece que también hay que tener una especie de sabiduría para saber piensan todas las personas. 

Horacio es un escritor joven y cuando uno se encuentra en esta etapa se encierra en ciertas experiencias. Por ejemplo, leer un cuento que trata sobre la guerra, sobre cómo un padre pierde a un hijo en una guerra y cómo es que se encariña con un pájaro que simboliza justamente esa pérdida, esa salida del nido, a mí me parece que es justamente eso lo que deben hacer los escritores: salir del entorno más cercano y proyectarse hacia otras experiencias, hacia otros tipos de personas que aparentemente no tienen nada que ver con uno. Ese es un punto muy valioso para los escritores, pues consiguen sacar experiencias que podríamos llamar universales porque competen a todos. 


Les decía también que este libro de cuentos está organizado en partes. Pues, si bien hay dos cuentos largos —que son los que más me gustan— me generó mucha ternura la segunda parte del libro, la cual está dedicada a la vida de las mascotas. Me gustó porque cuando uno lee novelas o libros de cuentos es como si las mascotas fueran una especie de adorno o están allí para completar la escena, pero en los cuentos de Horacio lo que sucede es todo lo contrario, porque las mascotas son personajes importantes. Esto me parece muy justo porque no estoy muy seguro si es que existe un cuento o libro de cuentos íntegramente dedicados a nuestras mascotas; por eso me parece loable que un escritor haya destinado su talento para escribir sobre estos seres que nos acompañan, y que son en muchos casos una especie de proyección de lo que nos está sucediendo a todos, o que más bien logran simbolizar eso que estamos viviendo en ciertos momentos. 

Y vuelvo sobre este cuadrito del hombre que perdió a su hijo en la guerra, porque me parece que aquí la mascota es un ave que nace con cierta malformación. Luego, él tiene que enseñarle a volar y cuando por fin lo hace, debe partir. No sé si esto me generó nostalgia, pero sí una sensación que surge en medio de todas las partidas del nido. Partida del nido me parece que es una buena figura para representar esa pérdida. 

Hay por supuesto escenas mucho más chocantes con respecto a las mascotas y aquí me permito manifestar una que me impresionó mucho: hay un perro al que una familia debe regalar porque no lo pueden cuidar en casa. Espero que ninguno de ustedes tenga que pasar por eso. A los personajes de este cuento les pasa, y lo que sucede es que los niños, que se han encariñado tanto con ese animalito, quieren verlo otra vez. Y, cuando quieren hacerlo, la persona que lo tiene —que además lo resguarda en un lugar lejos de casa— que es como el jardinero de la familia, lo trae y se dan cuenta de que ya no es el cachorro que se fue, sino un perro grande y adulto. Cuando creí que el cuento se iba a cerrar, me di con la sorpresa de que el perro no los reconoce, de hecho, hay como una especie de ataque de garrapatas. El relato está tan bien escrito que debe ser muy chocante ver esas escenas.

En este punto deseo remarcar el estilo de Horacio. Con ello me refiero a cómo están escritos todos los cuentos, pues confluyen muchos estilos y una mezcla de tonos formales e informales, lo cual hace surgir una funcionalidad que hace que el lector se convenza de que dichos recursos son utilizados en el momento adecuado. Considero que es muy positivo para estos cuentos. 

Hay dos cuentos que me gustan de forma especial. Uno de ellos se llama «Tortugas» y el otro es el que da el nombre al libro. Respecto al primero, lo más llamativo es que está contado por una señora, lo cual reafirma lo que venía comentando hace poco: ¿Cómo es posible que un hombre joven puede escribir tan bien y contar de una forma tan persuasiva y convincente, como si fuese una señora? En lo personal, siento que es bastante difícil colocarse en los pies de dicho personaje, y es más, valga la aclaración, de una señora que recuerda un evento del pasado. Una señora poco conservadora que evoca un recuerdo que la impresionó, especialmente en su vida familiar y personal. Este cuento es especialmente tierno. Tortugas es el nombre de una playa, que es a donde van los personajes, pero también representan mucho a las tortugas, porque Horacio captura qué es aquello que tienen estos animalitos que los hace tan especiales. 

Y, por último, en el cuento que se llama justamente «Donde viven los payasos», que es el más largo del libro, vemos algo muy convencional. Todos los escritores llegamos a un momento en el que nos jugamos la vida, en el que colocamos toda la carne en el asador, es decir, en el que intentan demostrar que, en efecto, saben contar una historia. Yo creo que en este relato en particular Horacio asume ese riesgo y sale bien librado. Esto lo digo para el lector que llegue a este punto, pues es un relato un poco duro y que toca un tema muy sensible para la sociedad: la violencia que emerge en un entorno que se supone está controlado, como lo es la escuela. Desde nuestra propia experiencia sabemos que en el colegio sucede de todo. Precisamente en este último cuento hay —sin ánimos de spoilear demasiado— un caso de bullying, se revelan momentos de relaciones tóxicas entre los propios chicos y como este grado de microviolencia o de violencia en este espacio estratégico como la escuela termina definiendo el carácter, incluso pienso que hasta el futuro de las personas. 

Tengo la impresión de que además de los recursos y de cómo es contada la historia, me parece que el cuento narra una realidad muy cruda; sin embargo, y es preciso resaltar lo siguiente, el autor solo lo sugiere. Me parece que Horacio, con ese estilo tierno y medido y a veces un poco rudo, consigue sugerir y no revelar totalmente lo que está sucediendo. Creo que esa sugerencia es agradable a la lectura. Es un poco raro lo que sucede en la literatura: incluso situaciones duras y chocantes pueden parecernos atractivas cuando se leen y eso tiene que ver mucho con el arte del escritor. 

Quiero leerles por supuesto, la última parte, el cierre de este cuento llamado «Tortugas», la cual sintetiza lo que podríamos nombrar como «una precoz sabiduría», respecto al funcionamiento de la vida. El cuento dice lo siguiente:
«Cuando reflexiono sobre mi vida, también me doy con la refrescante sorpresa de haber conocido a gente como Patricia. Gente que vivía sin reprocharse nada, que no encontraba en el alma impedimento alguno para vivir y morir a la velocidad de sus anhelos. Pero quienes llevamos a cuestas el peso de nuestros reparos y cautelas, de tantos irrenunciables afectos y de proyectos ajenos que desde hace mucho tiempo asumimos como propios, pervivimos al amparo de aquel impulso vital que, como a las tortugas, nos empuja siempre hacia adelante, aunque no entendamos bien la razón. Lentos y pesados, con esperanza de longevidad, de vez en cuando miramos hacia atrás y vemos las huellas que nuestro andar dejó en la tierra. Escasas huellas, y sin embargo profundas. Porque son también las huellas de quienes caminaron con nosotros».

Como este pasaje, el libro de Horacio tiene muchos otros. Por supuesto, los invito a leerlos y a leer todos los cuentos de esta colección. Estoy seguro de que estos cuentos están predestinados a los lectores de forma muy personal. 






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