Marco García Falcón: «No se escribe a partir de temas, sino de algo en particular que nos afecta»
Docente y escritor apasionado, Marco García nos revela algunos puntos importantes de sus procesos creativos, sus lecturas, los autores que rondan sus historias, así como algunos conceptos acerca del quehacer literario que el tiempo y la experiencia han colocado sobre su oficio.
Tu trayectoria como narrador habla por sí sola, pero siempre es grato adentrarnos en la trastienda de un escritor. Entonces ¿cómo abordas el oficio de la escritura?
Para mí es un espacio de libertad, pero también un espacio
donde puedo modificar la vida. Por ello Montaigne decía que «la literatura es
una defensa contra las ofensas de la vida». A veces el día a día te ofrece una
serie de sinsabores, de frustraciones y sinsentidos, pero en la literatura uno
tiene un espacio donde eso puede cambiar. Por ejemplo, creemos ser pequeños
dioses que crean un mundo propio con sus propias reglas, pero siempre con un
vínculo hacia lo personal. Soy un convencido de que la escritura parte siempre
de elementos autobiográficos. Como dice V.S. Naipaul, «es una experiencia transformada»
y no solo desde los hechos y argumentalmente, sino que también implica un trabajo
con el lenguaje. La literatura es etimológicamente la palabra que perdura.
Thomas Wolfe decía justamente lo que afirmas: que casi todo lo que se escribe es autobiográfico. Pero ¿no caeríamos en una especie de lucha contra la literatura del yo y creer que mi vida es totalmente interesante para que otro la lea?
Lo que sucede es que algunas personas piensan que basarse en
lo autobiográfico es lo opuesto a la imaginación, pero es un punto de partida.
La imaginación hace que esa realidad se exagere, se dramatice y sea interesante.
Borges decía que «la realidad no tiene la obligación de ser interesante, pero
la escritura sí». Estas operaciones deben hacerse para que aquello que
entregamos no sea solo interesante para mí, sino para todos.
Entonces, si podemos modificar la vida en el plano literario, y somos dioses creadores, entonces de alguna manera nos convertimos en mentirosos profesionales, y a esas mentiras las llamamos cuentos o novelas.
Hay una discusión respecto a que el producto de la
literatura no es una mentira, sino que es otro tipo de verdad que tiene que ver
con las emociones y la condición humana, lo cual no es una verdad factual. Ese
tipo de verdad es fundamental para que un texto tenga vida. Es probable que el
hecho no haya sucedido, pero responde a sensaciones, vibraciones, pulsiones e
intereses muy íntimos de quien escribe.
Ahora que hablamos de la verdad, muchos piensan que deben escribir los hechos tal cual pasaron. ¿Eso quiere decir que la escritura responde a la búsqueda de la verdad dentro de la literatura?
Pienso que se trata de la búsqueda de una verdad acerca de
la condición humana. Es decir, el individuo se convierte en un vehículo para adentrarse
en esta. Por eso, cuando hablamos de honestidad nos referimos a no falsear para
complacer, ganar el mercado o estar al servicio de algunas modas. Al escribir
respondemos a una necesidad interior —una obsesión, un miedo o un deseo— y
tenemos que apegarnos a eso. Luego de contar lo que nos inquietaba, es necesario
fijarse qué capas se tocaron y que podrían tener una repercusión mayor. No se
escribe a partir de temas, sino de algo en particular que nos afecta. Después se
cuenta la historia con toda honestidad y se hace la transformación para que el
texto tenga una mayor riqueza y toque la condición humana de la que estamos
hablando.
Uno podría pensar que solo basta tener talento para contar una historia. Pero, no solamente basta con poseer ciertas habilidades, sino que también hay una formación detrás y me refiero específicamente a la lectura, pues hay personas que dicen «yo escribo, pero no leo», algo bastante contradictorio ¿no te parece?
En una oportunidad escuché una analogía entre el lenguaje
literario y un idioma extranjero. Si quieres comunicarte literariamente debes
practicar para adquirir un mayor nivel comunicativo. Y para eso está la lectura
en primer lugar y luego la escritura. Hay muchas personas que tienen una
historia que contar, pero no manejan el lenguaje literario; otras tienen un
talento natural, pero en cualquier caso el objetivo es entablar un proceso de
comunicación a través del lenguaje literario. Esto es llegar al lector y transmitirle
una serie de ideas.
¿Cuáles fueron esos referentes que te llevaron a escribir? Esos autores que te convencieron de que eras capaz de escribir cuentos o novelas.
Yo creo que la escritura nace de un gran entusiasmo. Los
escritores somos lectores muy entusiastas que de pronto tenemos esta idea,
acaso ilusa, de que podemos reproducir aquello que nos ha encendido y apasionado.
La literatura no es algo abstracto, sino que está encarnada en ciertos autores
y libros que nos movilizan a escribir. Sin embargo, esas lecturas no son
iguales para todos. Por ejemplo, si a mí me entusiasma leer a Borges, es
posible que a otro Borges no le diga nada. Por eso, cada uno debe emprender la
búsqueda de esos autores que enciendan la llama y revisar cuáles fueron esas
primeras lecturas que los motivaron.
¿Recuerdas las tuyas?
Recuerdo algunas lecturas del colegio, un poco vagas, por
cierto, pero con más conciencia recuerdo haber leído en los primeros años de la
universidad a Ribeyro, Borges, García Márquez y Nabokov. Esos fueron los
autores que me motivaron a dar el siguiente paso, que es escribir.
Aquellos que dicen no leer «para no contaminar su estilo», tienden a justificarse con el hecho de buscar la originalidad. Pero ¿no es un concepto abstracto en sí mismo?
Ese es un tema que siempre discuto con mis alumnos y tomamos
una idea de Ricardo Piglia que me parece interesante: la propia voz está
formada por la conciencia y el reconocimiento de ciertas habilidades y carencias
que uno tiene al momento de escribir. Créeme que a veces no somos del todo conscientes
de ello.
Cuando uno se acepta como escritor, enfrenta muchos desafíos, como el hecho de escribir una novela. En tu experiencia ¿cualquiera puede ser novelista?
Has tocado un tema que es importante respecto a si se puede
enseñar a escribir o no. Pienso que sí, pero sobre todo en las etapas previas.
La textualización es un momento, pero también es importante aprender a mirar y saber
qué operaciones pueden efectuarse con la imaginación para modificar aquello que
capturó nuestra atención. Esas son habilidades que pueden desarrollarse. Nosotros
podemos enseñarle a una persona a mirar la realidad con otros ojos, recuperar
la capacidad de asombro, jugar intelectualmente y abrir su imaginación para que
sepa como enfocar una historia.
¿Te cuesta escribir?
A mi me cuesta mucho. No estoy diciendo nada que no sea
comprobable, aunque pareciera que escribo con mucha naturalidad y que las cosas
me salen rápido, pero no es así. Hay un autor francés que dice que «la
literatura es un talento innato y una dificultad adquirida». Esa idea es buena
porque en la escritura, como en todo arte, uno debe pasar por esa dificultad
para que se produzca ese chispazo. El piloto automático es peligroso, así como
cuando algo sale fácil y uno termina por sentirse cómodo. Es necesario que el
escritor sienta que rema contra la corriente.
No es que te visiten las musas propiamente, pero cómo es que empieza ese «chispazo» para ti. Cómo es que llega ese momento en el que emprendes tu propio proceso creativo, porque puedes tener muchas ideas, pero no todas terminarán sobre el papel.
A los escritores nos interesa mucho leer acerca de los
procesos creativos de otras personas, por eso leemos sus diarios, cartas y
entrevistas. Creo que hay una inquietud que se puede volver más o menos fuerte;
algunos hablan de una obsesión, de un gran deseo o miedo. Esas dos ideas me
gustan. De pronto deseas algo con gran intensidad —ser millonario, hacer un viaje—,
o sientes un gran temor —que el auto te atropelle y quedar con una carencia muy
fuerte—. A partir de esas inquietudes empieza a soltarse la imaginación. En mi
caso he aprendido a contener eso, porque en ocasiones esa inquietud te lleva a
escribir inmediatamente. Es necesario ver que tan fuerte es ese fuego: si
permanece es porque hay algo que explotar. Y también hay un momento en el que
se pueden descartar algunas cosas. Yo espero a los veranos para escribir y ver
si la idea toma forma.
Los famosos «veranos invencibles». En ese sentido, Marco, desde Esta casa vacía hasta Mañana te escribo, ¿cómo sientes la evolución de tu escritura?
Yo siempre he escrito siguiendo mis pulsiones afectivas, por
lo que recomiendo escribir desde la emoción, lo cual no niega el uso de la
inteligencia. Hay algo medio inconsciente en la emoción que puede estar muy
conectado con la verdad que buscamos. Yo empecé escribiendo un libro que fue
como un sueño. Mi primera publicación fue París personal, el cual parte
del sueño compartido de un lugar donde uno puede realizarse como escritor. Leí
a muchos autores que hablaban de París como un lugar mágico y en mi libro trato
de reproducir eso, pero tuve la consciencia suficiente para que el personaje
que atraviesa las narraciones se de cuenta de que es un sueño. Sin embargo, es
un libro en el que noto una especie de inocencia y entusiasmo puro. En cambio,
las emociones que siguieron fueron muy distintas. En Esta casa vacía hay
desesperación y angustia, algo totalmente diferente a lo que venía escribiendo.
Además, hay una mirada desencantada y resignada, pero dispuesta a recibir una
brizna de esperanza. Son libros muy distintos y guiados por las emociones que
me habitaban en esas épocas.
Mañana te escribo es tu publicación más reciente. ¿Cuál es el germen de esta obra?
Yo recibo muchos mensajes de lectores por redes sociales,
pero en aquel entonces recibí textos de una lectora extranjera que poseía un
gran entusiasmo. Empezamos una conversación virtual que se fue encendiendo, y
para bien o para mal se apagó. Esa idea quedó en mí: ¿qué hubiese pasado si eso
crecía? La novela aborda el tema como una proyección de ese deseo, de esa
fantasía que tuve. Tiene que ver también un poco con esa mirada que tengo ahora
a los cincuenta años, que conlleva a algo de desencanto, pero también a la
búsqueda de ese rayo de ilusión.
Algunos podrían pensar que Mañana te escribo es el culmen de tu escritura. ¿Lo sientes de ese modo?
Para nada, porque cada libro es una búsqueda. Siempre me
planteo el reto de ser fiel a mis intereses, por ejemplo, todos mis personajes son
escritores, profesores o lectores, porque son personas que a mí me interesan. Sin
embargo, también corro el riesgo de repetirme, por eso siempre doy la vuelta a
las historias antes de escribirlas, haciéndome la pregunta de si no estoy
cayendo en la repetición. Por fortuna, Mañana te escribo toca desde otro
ángulo el tema de lo afectivo y el sinsentido de la rutina, en este caso del
protagonista. Al final, la novela tiene un dato escondido: el que cuenta la
historia no es el narrador que pensábamos. Esa es una técnica nueva que apliqué
en este libro.




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