Lorena Amkie: «Escribo para darle sentido al mundo, para entender cosas, para entenderme a mí» (Segunda parte)

De la niñez hacia la adolescencia. De las travesías de la adolescencia a las primeras lecturas y aterrizamos en la etapa de la escritura. En esta segunda parte de la entrevista, la escritora mexicana Lorena Amkie comentó acerca de sus procesos creativos, los vampiros, la trastienda de sus principales obras, así como su experiencia como asesora editorial y conductora de un canal de YouTube. Aquí se las dejamos.

Por Marco Fernández

Y llegamos a Gothic Doll, Maya, los vampiros y la inmortalidad. Por cierto, la novela se va a reeditar después de quince años de su lanzamiento.

Sí, después de quince años finalmente conseguí reeditar esa parte de mi obra que marcó el inicio de mi carrera como autora publicada. A lo largo de estos años, nunca dejé de recibir mensajes de lectoras y lectores pidiéndome el segundo libro y el tercero, porque la editorial sacó muchos ejemplares del primero, del segundo sacó menos y del último mucho menos. Muchísima gente se quedó sin terminar la historia y quince años después sigue existiendo la demanda, pero el mundo editorial es muy incomprensible a veces. Por eso estoy muy contenta de hacer accesibles estos libros.

Como dices tú, los intrincados caminos del sector editorial hacen que buenas obras no gocen del beneficio de la reedición. En ese sentido, Lorena, yo sé que un mago nunca revela sus secretos, pero a veces es interesante entrar a la trastienda. ¿Cómo es que de alguna manera comienzas a incursionar en la escritura sobre vampiros?

Yo no soy ese mago que no cuenta sus secretos: yo cuento todo (risas). A veces debería contar menos, pero si has visto mi canal, hablo de todo. Pero sí, yo empecé leyendo Drácula, leí todo acerca del tema cuando era adolescente. Antes de Crepúsculo y The Vampire Diaries leí de todo. El tema me gustaba, porque apela mucho al adolescente y a la cuestión del otro. Los monstruos siempre son el otro, con la persona que es diferente. Como hablábamos al principio de esta entrevista, yo era la rarita en mis grupos sociales y en mis contextos, así que me identificaba un montón con el vampiro, con el ser distinto, con la oscuridad. Además, yo siempre quise ser vampiro, sigo queriendo no morir. Mucha gente diría eso, pero yo ya lo exploré en mis libros y esperaba que algún día llegará a visitarme un vampiro a regalarme la inmortalidad. Hay mucho que hacer todavía.

Entonces fue más por un tema de exploración y curiosidad. El miedo tan clásico a la muerte. Luego vino la historia en sí misma.

Después de leer un montón sobre ello, me parecía que faltaba algo. Yo nunca me había topado con un libro que se situara en mi país, ni que fuera originalmente en español, ni que tuviera un vampiro que viviese realmente con las consecuencias de la inmortalidad en pleno siglo XX o XXI. No es lo mismo estar en un lugar oscuro y perderte en las sombras de un Londres de 1800, que estar en la ciudad de México en los 2000, cuando tu madre te exige que te comas tu plato de pescado y tú no puedes porque solo consumes sangre. Para mí, esa cosa engarzada en la realidad cotidiana me causaba mucha gracia y curiosidad. Me parecía que faltaba la vida cotidiana del vampiro. Siempre los vi en sus mundos, en Europa, en otras épocas, y así era más fácil esconderse. Pero ¿Cómo te escondes cuando sigues viviendo con tus papás? ¿O cuando a tu madre le parece que tienes anemia y te quiere llevar a terapia? ¿Qué pasa de verdad ahí? Entonces, quería ver esas consecuencias.

Muchas veces se ve que estos temas de vampiros o seres fantásticos, por así decirlo, solo existen en un contexto de primer mundo, como Estados Unidos, Londres o un mundo inventado. Pero, el hecho de haber situado a Maya en México, con sus problemas de inmortalidad, me parece que le da cierto plus. Justamente nuestros contextos son los que determinan como es que, de alguna manera, creamos estos mundos enquistados en la realidad, pero adaptados a los requerimientos creativos que tenemos.

Eso fue lo que hizo que conectara con tantos lectores en su momento. Tuvo un éxito inesperado, fue un boom tremendo. Yo tenía filas de 300 chicas vestidas de Maya. Fue una cosa brutal, sobre todo porque ese tipo de historias llegaban de otras partes. Entonces, aunque te gusten y conectes con la parte emocional del personaje, siempre son gringos, norteamericanos o europeos. Incluso las traducciones no usan el lenguaje que usamos en las calles. Identificarse con un personaje plenamente por el lenguaje, por las calles en las que se movía, por las tradiciones que tenía, por la conformación de las familias que hay en Latinoamérica, muy diferente a las familias norteamericanas, hizo que conectase mucho. Creo que un gran error de mucha gente que empieza a escribir literatura juvenil en Latinoamérica es que siempre tratan de situarse fuera, porque creen que eso vende más, pero la razón por la que ocurre es porque era lo único que estaba en oferta.

¿No será también que es nuestro pensamiento latinoamericano tercermundista de creer que acá no puede pasar nada fantástico?

Pues eso está cambiando un montón. Fíjate que ahora como asesora editorial, en estos últimos diez o doce años, he leído muchas obras de autores emergentes, veo muchísimo más interés en las propias mitologías. Me topo un montón con historias de fantasía que tienen mitologías latinoamericanas, en vez de volver a tomar las cosas nórdicas, a los elfos y a todos estos seres que salieron de otros lados. Creo que eso va cambiando.

Gothic Doll, tres libros exitosos que escribiste, y decantamos en Alexa, El club de los perdedores, una de tus obras más celebradas y comentadas. Tienes una vasta obra hasta la fecha, pero yo me quedo con las desventuras de Alexa, un personaje curioso y arriesgado, así como con sus travesías de adolescente. ¿Cómo se gestó esta historia? Dicho sea de paso, es 360 grados después de Gothic Doll. Pasaste de los vampiros a Alexa.

Por los lectores. Fíjate que Gothic Doll me abrió las puertas hacia muchísimos lectores jóvenes. Más allá de hablar de vampiros, hablaban de cómo se sentían ellos. En aquel tiempo tenía mis redes sociales abiertas y tuve un intercambio muy cercano con muchísimas lectoras —lectores también— que me dijeron que Gothic Doll los acompañó en su adolescencia, que ellas también se sentían solas o como una muñeca oscura, que era el eslogan del libro en ese momento: «a veces la vida te hace sentir como una muñeca oscura». Para mí eso era muy ambiguo, no lo inventé yo, fue cosa de la editorial. Sin embargo, muchas pegaron con eso y decían que se sentían como la rechazada, el monstruo rechazado o el diferente. Empecé a escuchar este tipo de testimonios en todas las presentaciones del libro y empezó a ir mucho más allá de los vampiros. Empecé a conectar con el tema adolescente y por ello viajé a mi adolescencia. Comencé a leer mis diarios y recordé un montón de escenas terribles que atestigüé. No fui víctima directa de bullying, simplemente era la rarita que leía, pero conmigo nadie se metía. Fui, digamos, una especie de protectora de mucha gente a la que le hacían bullying por muchas razones y fui testigo de cosas muy horribles que pasaron en mi colegio, tanto en primaria como en secundaria.

Corriste un gran riesgo, permíteme hacer una especie de paréntesis, porque sabemos que los héroes terminan peor muchas veces en este tipo de casos.

Aunque hacia lo que podía, uno ya sabe que puede acabar peor si acusa o si se mete. Siempre me pregunté que se podía hacer, porque por un lado los adultos te dicen que acuses al bullying con los profesores, pero uno sabe que las reglas de la calle es que no puedes acusar. Entonces pensé en que debía haber una tercera opción, no puede ser que los raros no puedan ser raros o no tengan un lugar donde puedan existir. Así que esa historia nació del viaje que hice a mi adolescencia, gracias a haber conectado con varios lectores adolescentes, y plantearme cuál era la tercera opción que debía existir. Así que de ahí nació la historia.

La música también juega un papel importante en El club de los perdedores. Recuerdo que hay un vídeo en tu canal de YouTube donde estás tocando la guitarra y te emocionas porque era una canción que le pertenecía a Alexa.

En Las catrinas, El club y Gothic Doll un montón, porque me ayudaba a entrar en atmósfera. De hecho, la lista musical de Las catrinas es la que más he escuchado en mi vida. Hasta mi pareja estaba harta, porque la necesitaba tener puesta todo el tiempo. La lista que se formó me metía en la emocionalidad de Renata, protagonista de Las Catrinas. Creo que están muy conectadas el ritmo y las atmósferas que se crean. En cuanto a El club de los perdedores escribí el himno del club y compuse dos canciones de Gothic Doll. Es una conexión más con el lado poético, las sensaciones y la atmósfera. A medida que me he ido haciendo adulta, creo que me he desconectado respecto a cómo la música inspira mis palabras —mis procesos ahora son distintos—, pero en su momento fue muy importante.

Y ahora que hablamos de procesos, el escritor español Javier Marías decía que cuando terminaba de escribir una novela no sabía si empezaría otra, porque era como la destrucción de un mundo. En tu caso ¿te cuesta mucho retomar cuando terminas una novela?

Sí necesito un buen rato de purificación. Además de que hay un duelo por el mundo que estás dejando, yo no escribo rapidísimo. Antes sí, El club de los perdedores lo escribí muy rápido, algunas otras también, pero es que no hacía nada más. Ahora, en la vida adulta, que soy asesora, que tengo una pareja, que tengo mi casa, mi vida, no puedo escribir así de rápido porque hago un montón de cosas. La última novela que terminé en octubre, me tomó dos años culminarla, y ni siquiera es que sean cuatro mil páginas, sino que es una novela de extensión normal. Entonces, uno vive sumergido en un mundo mucho tiempo, dos años de vida metido con una serie de personajes es mucho. Si empiezas inmediatamente otra cosa, lo más probable es que estés todavía escribiendo con la colita de la otra. Me ha pasado que empecé una nueva novela muy rápido y me di cuenta que estaba repitiendo el mismo tono del narrador anterior, o que los personajes se parecen un montón.

Pasamos por Lorena niña, adolescente, lectora, escritora y ahora youtuber. Produces contenido en tu propio canal de YouTube, donde das consejos para escritores. Pero ¿es difícil dar consejos sobre escritura? Porque, vamos, algunos podrían pensar que los consejos para escritores valen solo para uno mismo.

Estoy de acuerdo. No hay métodos que se puedan enseñar o replicar. También coincido con la frase que dice: «No se puede enseñar a escribir, pero se puede aprender a escribir». Hay cada método con el que me topo por ahí, y mucha gente los vende —«termina tu libro en tres meses»—, pero para mí los métodos no sirven, porque cada persona necesita otra cosa. Ahora, a mí no me gusta decir que soy youtuber. Soy escritora, asesora y hago vídeos (risas). Mi prioridad no es hacer vídeos de YouTube, sino que comparto lo que hago en mi trabajo real, que es escribir y asesorar clientes para que puedan escribir.

Hay algo interesante y que es parte de ese ambiente: los haters. Seguramente debe haber más de un infiltrado. ¿Has manejado una situación de esa magnitud? Estar en YouTube es estar expuesto de alguna manera y, pues, así como hay personas que les pueda gustar tu contenido, nunca falta el que busca dar la contra.

Voy a ser muy sincera: la mayor parte de esta clase de comentarios desagradables viene de parte de hombres. Además, no a todos, pero a muchos, no les gusta toparse con una mujer que les esté diciendo que lo que hacen está mal. La mayor parte de los comentarios más agresivos vienen de ellos y aparte vienen aderezados con alguna cosa física. Es inevitable tener haters. Al principio me afectaba porque, claro, somos personas del otro lado de la pantalla, pero ahora simplemente los bloqueo, porque no tiene caso dialogar con gente que no quiere dialogar. Si es que hay un desacuerdo a nivel intelectual o racional sobre lo que estoy diciendo, eso es interesante y se puede debatir. Te acordarás de que hace muchos años bloqueabas al troll y era mucho peor, porque decían que no estabas dando libertad de expresión. En principio, mi canal es mi casa, si vienes a mi casa a insultarme o a decir que todo lo que hago no te gusta, pues no tienes por qué entrar. Ve a la casa de alguien más o quédate en la tuya.

Están los haters, los fans, y también aquellos que se ofenden cuando no se les responde un comentario o cuando no se lee lo que te envían. De pronto comienzan a tildarte de sobrado —como se dice acá en Perú— y demás calificativos. De hecho, se suele pensar que uno tiene que leer todo lo que le envían, y aquí estamos entrando un poquito a la parte editorial.

Eso es imposible. Tengo un canal con 178 mil suscriptores, aunque no toda esa gente ven los vídeos, ni puedes contestar a todos ni vas a contestar a todos. Yo contesto cuando me parece interesante una pregunta y creo que puede aportar a los demás. Y, como te digo, no soy youtuber, tengo vida y hago otras cosas (risas).


Niñez, adolescencia, escritora, YouTube y también asesora editorial. ¿Cómo así diste el salto hacia el otro lado? Es decir, el lado del que gestiona contenido y presenta una propuesta para los lectores.

Es que me di cuenta de que ese nicho estaba descuidado. Cuando empecé el canal no había tantos canales en español en el que contasen a los escritores que empiezan los «secretos» del mundo editorial. Uno de los comentarios que más recibía era «Gracias por tu generosidad al compartir estas cosas». Y yo decía por qué mi generosidad. Es que casi nadie quiere decirlo, como para cuidar que más gente no publique o escriba y eso a mí no me interesa. Escribir me ha dado tanto, y no me refiero a nivel económico, sino a nivel de crecimiento personal. Quiero contagiar a la mayor cantidad de gente posible para que lo hagan, pero que lo hagan bien. Yo creo más en escribir que en publicar, y lo que pretendo es compartir lo que a mí me ha servido por los beneficios que tiene la escritura para las personas, en cuanto a autoconocimiento, crecimiento, autoestima, análisis y empatía. No es que di el salto tan abruptamente, ya había dado varios cursos de escritura para jóvenes antes de vivir en España. En México daba estos cursos, pero cuando me mudé ya no había donde darlos. Así empezó el canal. Yo tenía experiencia de trabajo con grandes editoriales, ya sea haciendo dictaminaciones o trabajando con ellos para seleccionar los libros que se iban a publicar. Eso me pareció que podía beneficiar mucho a las personas que empezaban.

Has mencionado algo bien bacán: «la escritura me ha dado mucho y no necesariamente a nivel económico». Podría decirse que de alguna manera los libros, la lectura y sobre todo escribir te salvaron del aburrimiento que suele asentarse en la vida.

De la locura diría yo. Nunca me aburro, siempre estoy haciendo cosas. Desde muy joven, escribir fue la manera de darle sentido al mundo. Escribo para darle sentido al mundo, para entender cosas, para entenderme a mí, para entender la maldad, para entender la traición, para entender el amor. Escribo para entender. Mientras estoy escribiendo una novela estoy pensando en un tema que necesito entender mejor, y los personajes y las historias me ayudan a entenderlo. No es una manera de escapar del aburrimiento, sino más bien una manera de entender el mundo.

Mientras conversábamos dijiste que cuando escribías Gothic Doll pensabas en la inmortalidad, en el hecho de que tienes muchas cosas que hacer todavía. ¿Le tienes miedo a la muerte, Lorena?

¡Muchísimo, no me quiero morir jamás! (Risas)

¿Y no te asusta más la inmortalidad? Es decir, lidiar eternamente con lo mismo.

Esa fue la inspiración para los libros de vampiros, ver como se salvaban ahora sí del aburrimiento. Creo que encontraría mi manera, pero como igual no es posible, prefiero hacer lo mejor con los años que me quedan. 






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