Lorena Amkie: «La literatura juvenil cumple la función específica de acompañar en una etapa de la vida» (Primera parte)
En España son las cuatro de la tarde. En Perú, nos aguarda una mañana calurosa. A un lado de la pantalla está Lorena, al otro, le confieso que estoy un poco nervioso. «No tienes por qué estarlo, así como me has visto en mi canal de YouTube es como soy», me responde, con ese toque fresco y amigable que la caracteriza. Esa es la llave que abrió esta entrevista a la escritora mexicana Lorena Amkie. En esta primera parte, habló acerca de sus inicios en el mundo literario, sus lecturas y la literatura juvenil, en el que ha incursionado con éxito.
Por Marco Fernández
Aprendiste a escribir a los cinco años y a los siete ya
habías ganado un premio por un poema. Me atrevo a pensar que estos fueron las
primeras señales diferenciadoras en tu vida.
Crecí en una casa donde se leía mucho, todas las iniciativas
que tuviesen que ver con leer, escribir o la música siempre fueron muy
promovidas. Es decir, tenía que hacer algún deporte, pero también aprender a
tocar un instrumento. Crecí rodeada de libros y motivada a explorar cualquier
forma de expresión artística. En ese sentido, creo que soy afortunada. El
premio que gané en la primaria fue por un poema que se llama «Mario el
Corsario» y fíjate que creí haber inventado la palabra «corsario». Entonces, no
tomemos tan en serio ese premio (risas).
Has mencionado algo interesante. Creciste rodeada de
libros, pero también te animaron a tocar un instrumento. ¿Cuál fue? ¿La
guitarra?
Empecé con el piano. Todo el mundo me decía que tenía dedos
de pianista, porque tengo dedos largos y flacos. Sin embargo, en el piano no
doy una. La guitarra la tomé luego por iniciativa propia, aunque toco bastante
mal. Creo que es interesante probar cosas que nos cuestan trabajo. La guitarra
me cuesta, el piano me costaba, la pintura me cuesta, la cerámica me cuesta y
todo lo intenté porque pienso que es importante ponerse a prueba
constantemente.
¿Te costaba encajar cuando eras pequeña o durante la
adolescencia? Recuerdo que en los 90 nos llamaban “rebeldes sin causa”.
A mí nunca se me consideró rebelde, porque era la niña más
buena del mundo. La que sacaba diez en todo, la predilecta de los profesores. No
encajaba por ser rebelde sin causa, sino porque me interesaban distintas cosas.
En un ambiente en el que nadie leía, yo me la pasaba leyendo; en un ambiente en
el que nadie escribía, yo lo hacía. Dibujaba, me quedaba en los recreos
escribiendo cuentitos en la parte de atrás de mis cuadernos y disfrutaba varias
materias de la escuela. Creo que más bien tenía que ver con ese rechazo hacia
la niña aplicada, a la nerd, no tanto por que fuera rebelde sin causa. Eso
llegó más tarde, en la adultez, ahí me fui más por lo gótico y lo oscuro. Si
que me fue difícil encajar, porque mis intereses no eran comunes, desde la
música que escuchaba, mis lecturas, mis aficiones, hasta mis cortes de pelo.
Tengo el pelo cortito desde jovencita, con algunos interludios de pelo largo, y
eso también era criticado. Los niños encuentran cualquier pretexto.
Seguimos hablando de lo diferente. Eras de las chicas que
en lugar de jugar o armar relajo en los recreos te sentabas a leer en un rincón
del patio. Sería muy interesante conocer quienes eran esos autores que
desfilaron por tu mirada infante y adolescente.
Los libros de mi infancia fueron muy clásicamente
infantiles. Leí toda la serie de Elige tu propia aventura, El club de
los cinco y todos los libros de El barco de vapor. Tengo un hermano
mayor que es un gran lector, más que yo incluso, un gran intelectual. Mi
educación sentimental vino por las lecturas que él me recomendaba. Por cierto,
me tenía mucha fe, a veces demasiada. En ocasiones me ponía a leer cosas que
parecían avanzadas para mi edad, por ejemplo, a los catorce años ya estaba
leyendo cuentos de Cortázar, Crimen y castigo o Los miserables.
Quién sabe si entendí al grado que entendería ahora, pero empecé a leer
literatura en la adolescencia gracias a eso.
Claro, en el colegio mandan a leer muchas veces La Odisea,
La Iliada, Bodas de sangre, y muchas obras de lectura
indispensable, pero otra cosa muy distinta es hacer clic con la literatura. Tú
me dirás si esto es correcto, esos autores que mencionas ¿te ayudaron a
conectar con el ambiente literario o vino de mucho antes?
Leíamos desde siempre, y si no estaba leyendo era porque mis
padres estaban leyendo en voz alta mientras realizábamos un viaje largo por
carretera. Mi madre siempre nos leía cuentos antes de dormir, así que siempre
estaba rodeada de eso. De hecho, siempre vi a mis padres leyendo en casa. En la
playa, cada uno estaba en su camastro leyendo. Ese clic en específico, respecto
a que voy a leer lo que me gusta, se dio en la secundaria, cuando nos dieron a
escoger entre El retrato de Dorian Gray, Frankenstein y Drácula, es
decir, literatura un poco más gótica. Créeme que mis compañeros se quejaban por
tener que leer y yo leí los tres. Fue ahí cuando me enganché con ese tipo de
literatura, empecé a soñar con vampiros —que fue lo primero que escribí a nivel
novela—, escribí cuentitos, pasé la etapa de los poemitas adolescentes de amor,
escribí poemas sobre comida, que, aunque no ganaron premios pienso que son
mejores que «Mario el Corsario» (risas).
Ambos son totalmente buenos. Ahora, se dice que de alguna
manera idealizamos la infancia y la adolescencia. Entrando en temas de
escritura, me parece que tu obra bebe justamente de esos momentos. ¿Se da de
esta manera en tu proceso creativo? Es decir, el hecho de traer sobre el papel
esos recuerdos, mezclarlos con ficción, o todo es realidad pura y dura.
Yo creo que es inevitable que nos plasmemos como autores en
todo lo que escribimos. El autor que no lo hace no otorga alma a sus textos. Creo
que es notorio cuando no hay nada de un autor en el escrito. Con esto no quiero
decir que escribo solo autobiografía y que no podría escribir acerca de mundos
fantásticos o seres monstruosos, pero los detalles de los personajes y ciertos
escenarios y formas de ver la vida, especialmente en mis novelas más juveniles,
sí vienen de mis memorias de la adolescencia. Por fortuna vi a mi madre
escribir en sus diarios y fue un hábito que me heredó. Para escribir mis
novelas juveniles, he vuelto a mis diarios para ver, sobre todo, cuáles eran
mis preocupaciones en esa época. Si quieres escribir para jóvenes debes estar
dispuesto a viajar a ese tiempo, a ser nuevamente vulnerable y ponerte en esa
cosmovisión respecto a las cosas que son importantes en esos momentos.
Mencionaste algo importante: heredaste la costumbre de
escribir en diarios. Eso quiere decir que los jóvenes dejan pasar ciertos
momentos trascendentales de la vida, o quizás se dan cuenta muy tarde de que
ciertos pasajes eran material creativo. ¡Qué importante eran los diarios! Creo
que se ha perdido esa sana y nostálgica costumbre.
Estoy segura de que se ha perdido más de lo que creemos,
porque ya no se le da valor a la privacidad. Hoy en día, la gente comparte sus
vidas todo el tiempo, desde lo que están comiendo hasta el estado de sus
relaciones amorosas. Ya no hay espacio para el procesamiento propio de las
emociones. Es penoso, no solo por la cuestión literaria, sino también en cuanto
a crecimiento personal. Escribir un diario es como dialogar con uno mismo para
procesar muchas cosas, en lugar de vomitarlas hacia alguien más en forma de
rabia o acciones radicales. Se ha perdido también porque sentimos que estamos
dejando un récord de quiénes somos en las redes sociales. Si dejamos fotos,
mensajes, reflexiones ¿ya para qué escribir un diario?
Una forma particular de escribir que ha sido invadida por
la modernidad y la tecnología.
Fíjate que incluso ocurre también con los procesos literarios esta invasión. La gente que escribe en Wattpad, por ejemplo, mientras la obra está en proceso de escritura, los textos están disponibles para ser leídos y recibir críticas. A mí me parece terrible, porque un escritor necesita escribir y procesar lo que ha escrito para corregirlo antes de presentarlo. Un primer borrador es algo muy íntimo y lamentablemente muchos escritores se han perdido de la privacidad y soledad del proceso.
Coincido contigo, en cuanto a la soledad del proceso. Y
eso me hace acordar a una frase de Alicia en el País de las Maravillas
que dice así: «¿Por qué todo el mundo me dice lo que tengo que hacer? Este es
mi sueño y yo decidiré como continúa». ¿Ocurre lo mismo con la escritura?
Porque existe, y es penoso decirlo, quienes creen que se puede hablar de alta
literatura y literatura desechable. Y en esa categorización se debate la literatura
juvenil.
Sí, creo que hay buena literatura y literatura desechable. En
cuanto a la literatura juvenil, hay buena y mala. La literatura juvenil cumple
la función específica de acompañar en una etapa de la vida, y hay gente que
necesita de compañía, pero que no necesariamente se volverán lectores. Sin
embargo, hay lectores que empiezan con lecturas que los acompañaron en un
momento y luego evolucionan hacia otro tipo de literatura. Ahora, literatura
desechable hay mucha, pero no porque esté dirigida a un público en especial,
sino por la calidad de la propia escritura. Hay un montón de literatura para
adultos desechable, un montonal, mucho más que la de jóvenes, pero como es para
adultos no se juzga tanto.
Ejemplos sobran. Te digo esto porque, y aquí podríamos entrar
a una discusión que duraría días, hay quienes consideran que escribir para
jóvenes, y por ende las historias para jóvenes, terminan encasillando a un
escritor o no exigen cierta rigurosidad al momento de aplicar la estructuración
de una historia.
Probablemente estemos de acuerdo, así que la discusión no
creo que sea tan larga. He discutido sobre esto con mucha gente, incluso con
aquellos que se sienten muy intelectuales y defensores de la literatura
exquisita. Al menos yo nunca he visto a los lectores jóvenes como
interlocutores más tontos que los adultos, por el contrario, creo que tienen
una agudeza y una frescura que muchas veces los adultos perdemos, y son muy
exigentes con lo que leen, a nivel emocional. Tal vez no te explicarán
técnicamente por qué conectan o no con tus textos, pero se dan cuenta cuando
algo es auténtico o no. Se dan cuenta cuando estás siendo condescendiente con
ellos o no. Considero que soy una escritora que no es condescendiente con los
lectores, es decir, no voy a cuidar una palabra por si no la entienden o no
escogeré una estructura más simple porque son adolescentes. Confío en que van a
entender con lo que se enfrenten, con los jóvenes se puede hablar de todo, pero
hay que saber cómo: ni con condescendencia ni con moralina. Están en una etapa
de transición y la literatura juvenil puede cumplir una función súper
importante con ellos.
Qué interesante que hablemos de esto, pues siempre me he
preguntado por qué tanto estigma contra la literatura juvenil. Hace un momento
mencionaste a Wattpad y otras plataformas que abrieron las puertas a decenas de
autores que en algunos casos han llevado sus historias al streaming y
otros canales de comunicación. ¿Será también este uno de los alicientes de este
estigma y condena? Conozco a muchos lectores que condenan a quienes consumen
literatura juvenil siendo adultos.
No puedo decir que hay un exceso de literatura, pero hay
mucha más gente que está publicando. No digo que sean escritores, porque
tendríamos que discutir cómo definimos a un escritor, porque no cualquiera que
escribe está haciendo literatura. Hay gente que escribe solo sus propias
fantasías y las hace públicas. En Wattpad, por ejemplo, uno hace público un
texto y no por eso es literatura. Puedes tener lectores y no por eso es
literatura. Pienso que el problema más bien es que no hay un filtro para lo que
se publica. Es tan fácil autopublicarse, que el hecho de autopublicar se ha
democratizado al grado de que ya no sabemos que es bueno o no. Mucha gente
lanza sus escritos sin que hayan pasado por ninguna clase de filtro, y muchos
de ellos son personas que creen que es más fácil escribir historias para jóvenes,
lo cual afianza este estigma, que siempre ha existido. Cuando empecé a escribir
hace quince años, o un poco más, cuando todavía no era sencillo publicar ni
Wattpad estaba tan extendido, el estigma ya existía. Y esto porque siempre
habrá una aristocracia cultural asentada en una torre de marfil desde donde
decidirá lo que va o no. He discutido mucho con gente que decía que cuando eran
jóvenes leían lo que había, como Julio Verne, y no consideran que esos libros
eran literatura juvenil, solo que no se categorizaban así.
Quizás es que nos falta un poco de cultura en esto. Pienso
que también el estigma se debe a que la literatura juvenil acoge muchas
categorías, como por ejemplo Vampire Romance, New Adult, Sport Romance, Dark
Romance, cada uno con sus características, pero catalogado como literatura
juvenil.
En lo personal, me parece un poco excesiva esta
categorización de la literatura juvenil. Tal vez ahí no estoy tan de acuerdo
contigo. Creo que esto se debe a la influencia de los Estados Unidos, donde les
encanta etiquetar todo. Por ejemplo, vas a una librería y encuentras la sección
de romance sobrenatural. Para mí eso no es un género literario ni una
categoría, sino un tema. Además, esa categorización termina limitando la lectura,
porque muchos lectores jóvenes entran a una zona de confort en la que por
ejemplo dicen «quiero leer historias acerca de Enemies to Friends o
amantes sobrenaturales». Entonces, si no está dentro de esa etiqueta, dejan de
leer.
Si quieres leer la segunda parte de la entrevista, da clic aquí.




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