Ángel Álvarez: «El librero siente en su espíritu una labor fundamental, que es ser mediador entre el libro y el lector»
Bucea entre libros, conoce cada edición, cada volumen, todos y cada uno de ellos. Ser librero guarda una vena exclusiva, la cual Ángel Álvarez, administrador y gestor cultural de la Librería Samaca, posee desde hace muchos años. Una profesión que, como bien nos dice, está en peligro de extinción.
Por Marco Fernández
En un país en el que se lee poco, pero hay gran oferta de
libros, ¿Cuál crees que es el desafío de un librero?
El principal desafío de un librero —si es que la empresa que
emprende es una librería— es sobrevivir. En estos tiempos, no es fácil hacerlo.
Particularmente, pienso que una de las alternativas más viables para que esto
suceda es compartir la librería con otro tipo de negocio, llámase un café, y convertir
la librería en un espacio cultural. De repente me equivoco, pero mi percepción
es que las personas no van a las librerías. Estos establecimientos no son los
lugares más concurridos, es decir, nunca verás a las personas haciendo cola en
la puerta de una librería, como sí ocurre en otros espacios.
El hecho de hacer estas combinaciones ¿tiene que ver con
una tendencia o responde únicamente a una estrategia comercial?
A nivel del mercado peruano, el segundo espacio de venta de
libros más importante en la actualidad es Buscalibre, en cuanto al consumo de
libros por internet y no necesariamente hablo del libro electrónico, sino del
libro físico. Digamos que se ha convertido en una herramienta para el lector
que desea quedarse en casa y recibir su libro en la comodidad del hogar. Esta
conversión tan particular se está gestando en el sector. Sin embargo, considero
que el espacio de la librería debe ser un lugar de encuentro, cosa que jamás hallaríamos
en una plataforma virtual. La tendencia de consumo existe y probablemente siga
en aumento, pero es necesario que las librerías pasen por esta conversión, al
punto de convertirse en un espacio donde la experiencia de estar se convierta
en parte del afán del librero.
Y ahora que hablamos de plano digital, recordarás que, a
raíz de la pandemia, la industria del libro también sufrió un viraje
electrónico, por decirlo de algún modo. Pero ¿esto se convirtió en una amenaza para
el espacio físico que ocupan las librerías?
En un país como el Perú, tan grande y poblado, había una escasa oferta que fue cubierta por la línea de negocio online.
Incluso en Lima se habla de librerías sectorizadas en ciertos espacios. Si
quieres conseguir un libro especializado, pero vives en Los Olivos, necesariamente
tendrás que desplazarte para obtenerlo en físico. Ahí es donde surge la
alternativa de adquirirlo en línea. Al menos por ahora —y hablo desde mi
percepción— el Perú todavía es un mercado de consumo de libros en desarrollo,
sobre todo por las plataformas de oferta. Como sabes, no existen muchas
librerías, hay departamentos en donde no se hallan como tal, sino que
probablemente comparten espacio con los negocios de papelería. Hay un mercado
interesante por explotar, pues aún no se ha llegado a conocer en su totalidad.
Si bien no existen muchas librerías, y algunas dejaron de
existir, el librero se ha convertido, además, en una especie en extinción. No cualquier
persona es librero, podríamos hablar de dependiente o personal de despacho,
pero considero que el librero tiene una vena exclusiva.
La profesión del librero ha sufrido un detrimento terrible,
al punto de que un profesional de este tipo no podría vivir de sus ingresos como
tal. Lo que tenemos son estudiantes o practicantes que están de paso y no piensan
hacer carrera como libreros, porque definitivamente no es una profesión de la
que uno considere vivir, por muy apasionado que sea por los libros y la
lectura. Los sueldos que reciben los libreros son muy bajos como para
sobrevivir en el país, lo cual hace que el número de profesionales se reduzca
cada vez más. Si encontramos el caso de un librero bien pagado, probablemente
sea el jefe de la tienda el único personal bien remunerado.
Un lector medianamente entrenado, un apasionado por los
libros podría tentar la profesión. Pero, asumo que hay una
característica más profunda que convierte a una persona en un librero.
Desde mi propia experiencia y ánimo, pienso que el librero
siente en su espíritu una labor fundamental, que es ser mediador entre el libro
y el lector. Existen personas que trabajan como libreros en muchas librerías,
pero lo que hacen básicamente es alcanzar un libro determinado a los clientes,
ya sea porque conocen la ubicación y la sección. Sin embargo, eso no garantiza
que tengas la lectura o ánimo suficiente para recomendar dicho título,
compartir el conocimiento y generar nuevos lectores de ese libro. Además, tiene
que haber cierto entusiasmo. Por otro lado, creo que es fundamental la vocación
de servicio, que se traduce en las ganas de ayudar a un lector a encontrar lo
que busca. Esa es la particularidad del librero: ayudar a que el lector encuentre
su libro
Apelando a esa experiencia sobre la cual conversamos ¿cuál
sería el perfil del lector peruano?
No podría elaborar un perfil, aún. Lo que sí he comprobado
es que, si bien se suele asociar la intelectualidad a lo masculino, por absurdo
que parezca, son las mujeres las que consumen más libros en el Perú y lo he comprobado gracias a la data. Ahora, si
hablamos de otras características, los lectores oscilan entre los 25 y 45 años en
adelante. Los hay de todo tipo, por ejemplo, el lector de novela policial es compulsivo
y siente ansiedad por consumir otra historia que le genere las mismas
emociones. El lector de novela histórica es similar, los lectores de novela
romántica tienen esa misma necesidad. Pero lo más interesante es toda la
corriente que se ha generado con la novela juvenil, desde la aparición de Harry
Potter. Nunca había visto a padres e hijos amanecerse haciendo cola,
literalmente, para comprar un libro a la medianoche. Esa generación de lectores fue creciendo y mejorando sus lecturas. Todas las sagas que vinieron después,
como Crepúsculo, produjeron un sinnúmero de lectores desconocidos que formaron toda una línea de literatura para jóvenes. Incluso, ahora existen muchas
editoriales de esa tendencia.
A ese punto quería llegar: las editoriales. Pareciera que
existe una tensión permanente entre estas y las librerías, sobre todo
las independientes, ya sea por problemas de comercialización, distribución,
entrega de reportes, pagos, entre otros temas logísticos.
Recuerdo que el boom de las editoriales independientes se generó a inicios del año 2000 hasta el 2010. Eran iniciativas gestionadas por estudiantes egresados de las universidades, pero a la fecha han sobrevivido pocas, debido a la falta de experiencia. Si bien ahora existen muchas editoriales en el sector, en aquella época poseían un espíritu fresco que de alguna manera renovó la propuesta editorial local. Los problemas se originaron por editoriales que dejaban libros, pero nunca hacían reposiciones, no recogían las devoluciones, no facturaban y luego venían a reclamar por la mercadería o a cobrar el monto de ventas, que es justo y válido. Sin embargo, la librería tiene un orden contable y de pronto aparecía un proveedor al que se le había facturado durante años, pero nunca generó una factura. Eso ocasionó muchos problemas logísticos.
Esa misma problemática ocurre a la inversa, es decir, de
la librería con la editorial, cuando no se generan los pagos de las
liquidaciones o el hecho de no enviar los reportes de venta.
En los últimos años, en el Perú han aparecido muchas
librerías independientes. Algunas quebraron, otras continúan, pero el problema que
arrastran desde siempre es el tema de los pagos. Son compromisos que se
postergan o simplemente no se ejecutan. Considero que el descuido viene de
ambos lados y llega un momento en el que la librería o editorial deciden romper
vínculos y retiran la mercadería por ambas partes. Entonces, ¿qué hacen las
librerías para subsistir y reponer esos forados? Pues, recurren a lo que todo
mundo tiene: los libros de las transnacionales, que se exhiben en las
grandes cadenas libreras.
Ahora, también es un hecho que la aparición de estas
empresas y el gran aparato comercial ha generado cierto desplazamiento en
cuanto a los libreros y también a las editoriales independientes, cuyos títulos
se exponen por un breve tiempo y luego desaparecen.
Es cierto lo que dices. En el caso de las grandes cadenas de
librerías, el trabajo con el librero independiente es pesado y no genera mucho
rédito. En ese sentido, pienso
que las cadenas y las librerías independientes tomaron como pretexto muchos de
los incidentes surgidos a lo largo del tiempo para restringir el espacio a las
editoriales medianas y pequeñas. Tomemos en cuenta que las
grandes empresas, al tener un costo operativo elevado, necesitan grandes volúmenes
de venta. En teoría, eso no le reditúa una editorial independiente, porque
suele dirigirse a nichos específicos.
Hablemos de temas un poco más alentadores. Samaca ha
logrado fusionar el libro con el arte y la gastronomía. ¿Cómo se consiguió la
integración y consolidación de esta propuesta?
Samaca es heredera de la propuesta de Antares, que es un
centro cultural fundado por Alberto Benavides, Marcela Olivas y un grupo de
intelectuales de los años ochenta. Fue fundamental que el equipo que trabaja
con Samaca, Artes y Letras en las diferentes líneas de negocio se empapen del
espíritu de Antares para ponerlo en valor y actualizarlo. Recordemos que sus
fundadores ya pasan los setenta años y se encuentran en otro frente, es decir,
en la promoción cultural y la producción de contenidos, que es un trabajo un
poco más pausado. Por decirlo de una manera gráfica, esta nueva generación está
rescatando los valores de Antares para aunarlos a las nuevas tendencias,
formatos y oportunidades que aparecen en el mercado.
Se viene el Festival de Libros Peruanos, del 23 de julio
al 2 de agosto aquí en Samaca. ¿Qué encontraremos en esta actividad?
Siguiendo la línea de Antares y de Alberto Benavides, el
festival busca brindar un espacio a las editoriales independientes, con un trato
justo, obviamente con toda la carga que viene detrás, como las liquidaciones,
facturaciones y pagos. Dado que estamos ubicados en el límite entre Barranco y
Miraflores, recibimos un flujo considerable de turistas afincados en la zona,
especialmente en estas fechas que coinciden con el inicio de la Feria Internacional
del Libro. El objetivo es poner en valor a las editoriales, presentarlas, mostrar
su producción y contribuir así con la bibliodiversidad, en medio de un marco
festivo. Entonces, el festival apunta a forjar aliados estratégicos, para que
la propuesta editorial independiente sea conocida a nivel internacional por
parte de los turistas que te mencioné, así como por el público local que
probablemente no quiera desplazarse hacia el nuevo local de la Feria del Libro.
Es decir, estaríamos fungiendo como una especie de satélite de la feria. Algunas
editoriales compartirán con sus autores y clientes potenciales, como
sucede en otras ferias alrededor del mundo. Esa es la idea de este festival.
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