Ferias y libros: ¿grandes oportunidades o ilusiones pasajeras?
En los últimos años, la Feria Internacional del Libro de Lima ha sido blanco de múltiples cuestionamientos en torno a su organización, accesibilidad y si realmente supone una vitrina para la bibliodiversidad. El novelista Horacio Hidalgo Ledesma y el poeta Juan Carlos Vela analizan esta discusión desde diversos frentes.
Por Marco Fernández
En el caso de los festivales de libros que se generan
tanto en la Feria de Libro como aquí en Samaca Artes y Letras, que promociona el
Festival de Libros Peruanos ¿Cuál es el beneficio que obtiene el autor?
Horacio Hidalgo (HH): Me parece positivo que autores
que publican en sellos editoriales independientes tengan la posibilidad de dar
a conocer sus obras. El tema es no tanto los
pequeños espacios —siempre hay un público de nicho que tiene ánimo de explorar
y conocer más— sino que va más por el lado del gran público, pues sabemos que
los espacios editoriales están copados por los grandes grupos editoriales. Por
ese lado, pareciera que el mundo editorial se rige por una especie de dictadura
impuesta y el público se amolda un poco a ese tipo de oferta. Por eso
creo que es muy importante que existan espacios donde se visibilicen a autores
y obras de un corte más independiente que no se rigen por mandatos editoriales
o culturales de moda.
Juan Carlos Vela (JCV): Agregando un poco a lo dicho por Horacio,
aquí hay un tema de verticalidad. Las ferias alternativas tienen la impronta o
el esquema de lo subalterno, es decir, hacemos referencia a las voces, autores
y sentires que quedan fuera de lo hegemónico, ya sea porque son molestosas,
porque incomodan o porque enrostran la realidad a partir de la deconstrucción.
Esa es la pertinencia y la necesidad de las ferias alternativas, bajo el
eslogan de lo subalterno. No hay vida sin una subalternidad que pelee con lo
hegemónico por la reivindicación, por un mundo más habitable y horizontal. Es
una suerte de justicia en el acceso. No te pueden cerrar el caño:
el del aprendizaje, el de la sensibilidad, el del conocimiento. Eso pasa por la
publicación, precisamente, porque el libro impreso es el punto de conexión.
Esto se ha visto reducido especialmente en las redes sociales, donde todo es
pasajero e instantáneo y el nivel de reflexividad es casi inexistente.
Hace un momento, hablábamos off the record acerca
de la exposición de los libros y la poca rotación en librerías. Las ferias
suplen las carencias que se presentan en las librerías. Me refiero
específicamente a aquellas que afectan directamente a las editoriales independientes.
HH: Es verdad, pues en las ferias y en las grandes
cadenas libreras lo que prima es el sentido comercial, debido a que hay un
mandato y una jerarquía impuesta por los intereses económicos de las grandes
editoriales, lo cual hace que la rotación sea amplia. Conecto un poco con lo que
dice Juan Carlos, respecto a que vivimos en un mundo dominado por las redes
sociales, la temporalidad y la fugacidad de contenidos. Por eso, pareciera
que el sector editorial compitiese con esa necesidad de atención. Eso podemos verlo
en torno a las novedades, pues se suplen entre ellas de manera casi inmediata. Los grandes grupos editoriales saben que la atención del lector se ha
reducido a lo efímero y por ello generan la rotación del material con textos digeribles
y no muy extensos. El tamaño de la obra también tiene que ver con la transitoriedad.
Por ahí viene la explicación de por qué es tan importante que haya espacios
independientes y actividades satélite que ayuden al público a acceder a títulos
que escapen de estas tendencias.
JCV: Sería una suerte de ovejas negras, las cuáles no
se encuentran en la catedral, si hacemos un símil con las grandes ferias, sino
en las pequeñas que serían como especies de capillitas. Son como los cantantes
de música de autor o una película de autor: no son masivas porque justamente
escapan al gusto hegemónico y salir de eso es complicado. De ahí radica la
importancia de que exista un circuito alterno. Y creo que no está mal ser una
oveja negra, porque esa oveja es pensante, reflexiva, que decide en todo
sentido. Espacios como librerías alternativas, como el caso de Samaca, tienen
la particularidad de mostrar aquello que late.
Si hablamos de escritores que por primera vez participan
de una gran feria, como la FIL, no es descabellado pensar que esto de alguna
manera refuerza el sector editorial, pues en aras de la verdad, autores desconocidos
poblando estos espacios es casi como una especie de hito.
HH: La experiencia siempre será positiva. Lo ilusorio
sería que un escritor novato asista a una feria pensando que la exposición ante
el gran público generará un efecto sustancial en cuanto a la difusión de la obra
en el sector editorial y literario. Como experiencia vale la pena, hay que experimentar
todo tipo de cosas en esta vida (risas). Con el paso del tiempo he comprendido que
es muy importante crear comunidades. Lo que busca todo narrador, poeta o
cuentista, sin importar el género, es encontrar un público específico. Tener la
expectativa de llegar al gran público escapa verdaderamente a las posibilidades reales
de un autor nobel. Supongo que el camino es ir poco a poco, tampoco es que sea la panacea llegar al gran público y que todo el mundo compre o lea una determinada
obra. Puede sonar muy bonito, pero no es realista. Tampoco es deseable en el
sentido de que es mucho mejor y mucho más valioso encontrar un público, aunque
sea minoritario, que dé un verdadero valor a la obra.
JCV: Creo que deberíamos también apuntar a lo que ofrece
una feria. Por ejemplo, el principal problema de la Feria Internacional del
Libro de Lima es que no tiene la aureola ni la festividad de una feria. Estos
espacios se montan en lugares accesibles y atractivos, sumado al hecho de que se ofertan
productos a precios módicos y no se cobra por entrar. Las presentaciones, libros,
espectáculos o comida solo dinamizan el asunto y terminan convirtiéndolo en un
evento selectivo, a pesar de que su origen no es elitista. Una feria del libro
debería atraer a lectores, autores y al público indirecto, pues se supone que
el libro presenta una diversidad de temas accesibles para todo el
público, sin caer en lo ilusorio. Desde los puntos de vista comunicacional,
estratégico y de ubicación, lo que están haciendo es repetir una cuestión por
inercia sobre un problema del que se viene hablando durante años, sin que
nadie haga nada.
¿Hay alguna solución sobre estos problemas que presenta
la FIL? Una feria sin ambiente de feria, ¿a qué apunta?
HH: Agregaría, además, una feria sin contacto
verdadero entre autores y lectores. Esa es la principal falencia de la feria de
este año y también la del 2025. No se trata de la oferta literaria,
porque cada vez se publica más, se escribe más y hay más personas que desean
convertirse en escritores o que se llaman «escritores» así mismos. Pensaría que
el tema debe abordarse por el lado del lector, que en última instancia también
es un consumidor que tiene derecho a exigir una oferta amplia en un lugar
apropiado, bajo las mejores circunstancias que se puedan ofrecer, para que la FIL
se convierta verdaderamente en un espacio de contacto entre autores y lectores. No se me ocurre otra manera de solucionarlo. Creo
que cuanto mayor sea la curiosidad del lector, podremos encontrar una solución en
el mediano plazo.
JCV: El
problema es estructural. No basta con solo decir que la FIL no es una feria
como tal, pues eso no resuelve los problemas macro como la deserción educativa
o la baja comprensión lectora. El Estado finalmente debería asumir un papel
regulador en ese sentido, más no un rol controlador. Si hemos detectado el
problema, el Estado debe intervenir para regular, promocionar y abrir un nuevo
espacio. Hablamos de una feria hecha por la sociedad civil independiente, que
al asumirla como nacional o peruana pone en vitrina y cuestionamiento la imagen
del Perú como anfitrión. Por eso es importante que el Estado asuma su función
como facilitador del acceso a determinados sectores. Se cree que la cultura es
un estorbo, salvo que venga aunada al consumismo, a la cultura de lo
instantáneo, la cultura del «Sí se puede». Esa frase me parece nefasta, si bien
es cierto tiene mucho sentido colectivo, no funciona sin los mecanismos y los
factores que hacen posible que ese sí se puede sea viable. Lo mismo ocurre con
el tema de la feria.
*Pies cartógrafos, poemario de Juan Carlos Vela, y Parusía y Donde viven los payasos de Horacio Hidalgo, participan del Festival de Libros de Samaca hasta el domingo 2 de agosto.





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