Luis Espinoza: «En la vida nada tiene un final determinado, todo es la continuación de algo»
Hablamos previamente, y encuentro en cada una de las palabras de Luis una sinceridad admirable que me lleva a pensar en una sola cosa: ¿es realmente posible ser un escritor por placer? En la siguiente entrevista, que espero no llevo rumbo, encontraremos la respuesta.
En estos momentos te encuentras en Washington. ¿El hecho
de que estés fuera del Perú influyó, de alguna manera, en tu escritura?
Siempre he tenido el placer de escribir. Empecé cuando
estaba en la universidad, pero nunca encontré la motivación para culminar un
proyecto. Vivir aquí ha sido una fuente de inspiración para partes de mi libro
—ya hablaremos de ello más adelante—, ya que es una historia inspirada en
varias personas que he conocido y en cierta manera compartimos la misma razón
de por qué migramos. La mayoría lo hizo porque fue en busca de algo diferente.
En mi caso, decidí migrar cuando estaba en la universidad, pues no veía un
futuro con buenas perspectivas.
Tu ruta como escritor empieza en la universidad. Si
volvemos a esa etapa ¿qué libros y autores vienen a tu mente?
Mi primera lectura fue Don Quijote de la Mancha, me
lo recomendó un tío paterno cuando tenía trece años. Me llamó mucho la atención
la tapa del libro, que parecía basado en un dibujo cómico, pero conforme fui
leyendo me atrajeron mucho las historias. De ahí terminé leyendo todos los
libros de Miguel de Cervantes. Después leí muchas de las novelas de Vargas
Llosa, de Arguedas, es decir no tenía un tipo de preferencia específica por un
tipo de lectura en particular. Leo todo lo que cae en mis manos.
De todos estos autores que hemos hablado ¿cuál crees que
fue el que gatilló tu pasión por la escritura?
Si he tenido alguna influencia, diría que vino de Mario
Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Hay un autor brasileño que me encantó
mucho, que es Machado de Asís. Rubem Fonseca también es otro escritor brasileño
al que leí bastante. Creo que todo lo que he leído me enseñó algo. Te diría que
no tengo a un autor que haya influido en mí porque al ser un escritor aficionado,
no poseo un estilo. El año pasado decidí dedicarle a la escritura un poco más
de tiempo para culminar con los borradores que había dejado pendientes.
Me sorprende mucho que remarques que eres un escritor
aficionado. No es usual que alguien que escribe se etiquete de esa manera, aun
cuando tenga varias lecturas encima.
Creo que pasa porque no tengo la obligación de escribir. A
veces escribo diez líneas, en ocasiones cincuenta y a comienzos de años me
propuse escribir mil palabras por día. Sin embargo, eso implicaba levantar una
rutina y yo no concibo eso. Por eso es más una escritura por placer. El día que
tengo ganas escribo todo lo que puedo, después corrijo y veo que la historia va
cambiando y alterándose.
El hecho de no seguir una rutina al escribir me hace
acordar a lo que decía el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, respecto a que
con la literatura se debe tener una relación de amantes, es decir, darlo todo
en el momento.
Empecé tarde a escribir y cómo verás, mi carrera es mi
prioridad. Entonces descubrí que escribir por diversión y sin compromisos era
lo que me llenaba. No tengo el deseo de que lo que escribo le gusté a la gente,
ya que lo hago para mi propio placer.
Ahora que mencionas el placer, Sin rumbo, tu
primer libro, es una novela que se entrega a los placeres y que echa mano de la
autobiografía y la ficción.
Quise hacer una autobiografía, pero mi vida no es tan
interesante como para dotarla del estilo literario. Entonces, lo que hice fue
plasmar mi recorrido por Brasil y Estados Unidos, tomando en cuenta las
personas e historias que conocí en estos lugares. Ahí fue cuando decidí
plasmarlas como si fuese yo quien experimentaba todas esas vivencias.
De alguna manera, se marcan ciertos patrones, como el
hecho de la travesía del viajero, el desapego a la familia y el amor. A pesar
de las relaciones que tiene Daniel, el protagonista, pienso que la historia se
decanta en torno a una búsqueda de afecto que impulsa al personaje a ir de un
lugar a otro.
En la vida nada tiene un final determinado, todo es la continuación
de algo. Nuestro presente es consecuencia del pasado y materia prima para el
futuro. Las experiencias sentimentales pueden suceder, como en el libro, de un
momento a otro, pero en este caso Daniel tiene el objetivo de descubrir que
quiere en la vida. Conoce muchas personas, siente atracción por algunas
mujeres, pero su objetivo ya está trazado. Ahora, Daniel posee una dualidad
emocional, porque tiene una meta, pero sabe que para alcanzarla deberá hacer un
sacrificio, dándose cuenta de que no puede conseguir todo al mismo tiempo.
Pienso que es casi una obsesión. Es decir, Daniel siempre
tiene presente la parte profesional, la cual persigue con desesperación, más
allá de que se ve envuelto en múltiples relaciones.
Exacto, creo que los profesionales siempre tenemos una
ambición. En ese punto, Daniel se parece mucho a mí, pues siempre tuve un
objetivo determinado. Vivimos en una sociedad muy competitiva, algo que el
protagonista entendió en Perú y en Brasil, y que se acentuó más en Estados
Unidos. De hecho, cuando llegué a vivir a Norteamérica descubrí que todas las
personas sacrificaron algo en sus vidas para alcanzar el éxito.
¿Es difícil partir de la autobiografía al momento de
escribir?
Pienso que no, porque cuando hay varias historias similares
se hace un poco más fácil y todo fluye. Si se analizan los capítulos del libro,
verás que son varias versiones de Daniel, algo que no me propuse, pero se
logró.
Te confieso que cuando leí tu libro me trajo a la mente
la película Whiplash, que se condice con el libro respecto a esa
obsesión por alcanzar el éxito. Además, el título Sin rumbo hace
referencia a que Daniel va en busca de un objetivo, pero disperso por muchos
lados.
Creo que has entendido perfectamente el mensaje. Todo en la
vida requiere de un sacrificio, pero cuando lo consigues es inevitable
preguntarse si eso por lo cual has luchado era lo que realmente querías.
Si hablamos de alcanzar sueños ¿Cuándo se dio ese
momento en el que decidiste publicar tu historia?
Difícil determinarlo, porque este libro llevó años
forjándose. A comienzos de año, cuando compartí el borrador con un amigo
español, me dijo que lo acabase y que le diese forma. Eso me dio ánimos y seguí
avanzando, aunque de forma desordenada, porque no tengo el entrenamiento de un
escritor profesional.
¿Te costó desprenderte de esa historia?
Mucho, pero uno aprende con la experiencia a detenerse y
continuar con otros proyectos. Quería obtener una edición bien trabajada y que
fuese entendible por los lectores. Creo haberlo conseguido.



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